Getsemaní; entre el fuego y la devoción silente

Getsemaní; entre el fuego y la devoción silente
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Morelia, Michoacán | Agencia ACG.- El fuego, el humo y las emergencias forman parte de una profesión donde cada segundo cuenta, pero detrás de cada uniforme existe una historia que pocas veces se conoce. La de Getsemaní Urbano Aguilar comenzó hace un año, cuando decidió convertirse en bombera y asumir una responsabilidad que ha puesto a prueba su carácter, preparación y vocación de servicio.

El pasado 20 de agosto cumplió su primer año como integrante de Bomberos Voluntarios y Asesoría Profesional en Emergencias (VAPE). En este tiempo ha enfrentado aprendizajes, disciplina y experiencias que le han confirmado que en esta profesión nunca se deja de aprender.

Su decisión nació a partir del consejo y motivación de una persona importante en un momento clave de su vida. Fue entonces cuando comprendió el valor de ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Sin embargo, el camino también significó abrirse paso como mujer dentro de un oficio que durante años fue considerado principalmente para hombres. Al principio tuvo que exigirse el doble para demostrar su capacidad, pero con el tiempo convirtió ese reto en una oportunidad para demostrar que la preparación y la vocación no tienen género.
La dramática experiencia.

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Una de las experiencias que más la marcó ocurrió apenas dos meses después de concluir su formación, durante un entrenamiento de fuego real en una casa de humo. En una práctica de búsqueda y rescate, una de sus compañeras perdió la visibilidad, se desorientó y comenzó a quedarse sin aire con su equipo de respiración autónoma. En medio del humo lograron localizarla, evacuarla y brindarle primeros auxilios por las quemaduras que presentaba.

Aquella experiencia le dejó una enseñanza que mantiene hasta ahora, el exceso de confianza puede ser un riesgo y la capacitación constante puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

También aprendió a convivir con el miedo. Sabe que cada llamado significa dirigirse hacia una situación de peligro y que no existe la certeza de regresar. Por eso, al entrar en acción concentra su atención en controlar la respiración, confiar en sus compañeros y recordar su entrenamiento. El miedo permanece, pero se transforma en prudencia para poder actuar.

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Los pequeños, los grandes alentadores

Detrás de cada emergencia existe además un esfuerzo que pocas veces se observa. Como parte de una institución voluntaria, Getsemaní señala que no reciben sueldo ni apoyos gubernamentales, mientras que los equipos necesarios para atender emergencias tienen costos elevados. Para enfrentar esta situación, también realizan capacitaciones de primeros auxilios y uso de extintores, además de llevar pláticas de prevención a las escuelas.

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Son precisamente los niños quienes muchas veces le recuerdan por qué continúan. Aunque reconoce que existen días de cansancio, desgaste y dificultades, las sonrisas y la ilusión de los pequeños durante las visitas a las escuelas le devuelven el sentido a todo el esfuerzo.
Después de un año, lo que permanece es la satisfacción de saber que puede ser el apoyo de alguien en uno de sus momentos más difíciles. Esa posibilidad de ayudar y saber que una persona está a salvo gracias al trabajo realizado es lo que la lleva a ponerse nuevamente el uniforme.

A las niñas y jóvenes que sueñan con convertirse en bomberas les pide no permitir que nadie les haga pensar que esta profesión no es para ellas. El camino requiere disciplina, entrenamiento y fortaleza, pero cada vez son más las mujeres que abren brecha dentro de esta labor.
Para Getsemani, el uniforme no se lleva por género, sino por las ganas de servir. Hace un año comenzó a vestirlo y, después de todo lo aprendido, mantiene intacta la razón que la llevó a elegir este camino: estar ahí para quien necesite ayuda, sin esperar nada a cambio.