Chilaquil, el “patrón” que inspiró una librería en Morelia

Chilaquil, el “patrón” que inspiró una librería en Morelia
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Morelia, Michoacán | ACG.- El patrón no está todos los días en el negocio. Llega a supervisar, posa entre los libros y, cuando tiene ánimo, deja la huella de una de sus patas como autógrafo. Se llama Chilaquil, tiene alrededor de 10 años y su historia no sólo se convirtió en la imagen de Amate Librería, sino también en una de las inspiraciones que llevaron a Natalia de la Luz Romero Castellanos a abrir el establecimiento.

Antes de tener un local físico, Natalia vendía libros en línea y trabajaba en el ámbito editorial independiente. Desde tiempo atrás quería abrir una librería, pero fue la historia de Chilaquil y la de los demás perros rescatados que viven con ella la que terminó por darle impulso al proyecto.

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“Yo sí pensé: si él ha logrado vivir no sé cuántas cosas y con sus enfermedades y todo pudo encontrarnos, ni modo que yo no pueda como levantar este negocio”, relata.

Chilaquil apareció hace casi dos años, durante la Feria Internacional del Libro que se realiza en el Centro de Morelia. Mientras Natalia atendía un stand, el lomitose acercó, se colocó a sus pies y permaneció ahí.

“Él me encontró, no quiero decir que yo lo encontré. Literal, se acercó al stand que yo tenía en la Feria Internacional del Libro. Él me vio, se acercó, se puso ahí a mis pies y ya de ahí no se movió”, recuerda.

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En ese momento estaba ciego, padecía graves problemas en la piel y su condición era tan delicada que, según Natalia, parecía atravesar sus últimos momentos. Decidieron llevarlo a recibir atención veterinaria, darle una oportunidad y finalmente integrarlo a la familia.

Cuando la librería abrió sus puertas, hace aproximadamente un año, Chilaquil se convirtió de manera natural en el rostro del proyecto. Haberlo encontrado entre libros y el deseo de promover la adopción responsable, especialmente de perros adultos, enfermos o con pocas posibilidades de encontrar un hogar, hicieron que ocupara un lugar central en la identidad del negocio.

El título de “patrón” no fue planeado. Surgió entre los propios seguidores de la librería, quienes comenzaron a llamarlo “el patroncito” y a bromear con la transformación de aquel perro que vivía en la calle y que ahora aparecía como dueño de un establecimiento.

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“Me preguntan: ‘¿Cómo está el patroncito?’, o le dicen el CEO de Amate Librería. Como no lo traigo todos los días porque se cansa mucho, me sirve decir que los patrones no están todos los días en los negocios; él sólo viene a verificar, viene por el dinero y ya”, cuenta entre risas.

Detrás del personaje que aparece en fotografías, recibe a los visitantes y “autografía” libros con pintura lavable, existe un proceso largo y complejo de adaptación.

Cuando llegó a su nueva casa, Chilaquil no sabía jugar. A pesar de tener un jardín amplio, permanecía inmóvil y reaccionaba con miedo cuando alguien se acercaba de una manera que consideraba extraña. Natalia asegura que presenta marcas físicas que le hacen pensar que sufrió maltrato y que conserva secuelas emocionales de lo que vivió antes de ser rescatado.

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“Si tú sueltas a un perro en un jardín, naturalmente se pone a jugar o a correr. Él se quedaba así parado, no se movía. Fue muy difícil lograr su adaptación porque tenía mucho miedo, porque no sabía jugar”, explica.

El primer avance importante ocurrió con un peluche que una amiga le regaló. Natalia considera que posiblemente era el primer juguete que había tenido y que ese momento le permitió comenzar a sentirse seguro.

“Le di su peluche, seguramente nunca había tenido un juguete en su vida, y eso hizo que su corazoncito se abriera. Empezó a jugar con el peluche; creo que ahí fue donde entendió que era un ambiente sano y de seguridad para él”, señala.

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Desde entonces, la familia ha trabajado para enseñarle a convivir con otros perros y ayudarlo a recuperar la confianza. Cada noche, sin importar la hora a la que regrese del trabajo, Natalia dedica un momento a jugar con él, perseguirlo por el jardín, esconderse y esperar a que la encuentre.

Los avances son evidentes, aunque algunas conductas permanecen. Chilaquil todavía protege sus espacios, sus juguetes y la comida. Recientemente, Natalia le ofreció una tortilla y después un totopo, uno de sus alimentos favoritos; en ambos casos, el perro los ocultó entre los cerca de 15 peluches que mantiene a su alrededor.

“Es muy evidente que quizá él piensa, o tal vez así le hizo en la calle, que la comida y sus recursos son lo más importante para él. Quizá sigue pensando que en algún momento no va a tener para comer y necesita tener como su guardadito”, explica.

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Un entrenador le indicó que ese comportamiento es conocido como protección de recursos y puede presentarse en perros que sobrevivieron durante mucho tiempo en la calle. Por ello, Natalia sostiene que Chilaquil no es un animal bravo, sino un perro que intenta conservar aquello que considera indispensable.

Su recuperación continúa. Utiliza gotas especiales para evitar volver a perder la vista, recibe baños para atender los problemas de su piel y consume alimento especial.

Natalia comenzó a compartir su historia en redes sociales sin pensar en organizar colectas. Sin embargo, personas que ni siquiera la conocían ofrecieron productos, pasteles y artículos para realizar rifas y ayudar a cubrir los tratamientos.

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La respuesta la conmovió en un momento en el que, cuenta, se encontraba decepcionada por la crueldad y los abusos de algunas personas.

“Me devolvió como la fe en la humanidad. Le dije: ‘Gracias, porque me estás enseñando que hay mucha gente buena y que el amor sí existe’. Pasaste de ser un perrito al que nadie le ponía atención a ser un perrito tan amado”, recuerda.

Ahora, quienes visitan la librería preguntan por “el patroncito” y algunos solicitan que sus libros lleven una tarjeta con la huella de Chilaquil. Incluso han recibido peticiones de dedicatorias para perros que ya fallecieron, las cuales son enviadas y conservadas como un recuerdo especial.

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Para Natalia, su presencia va más allá de una estrategia para promocionar el negocio. Chilaquil representa la posibilidad de crear una comunidad alrededor de los libros, la sensibilidad hacia los animales y las segundas oportunidades.

“Así como los libros te ayudan a sensibilizarte, los perros también. Para mí es importante crear comunidad aquí, ofrecer libros baratos para que las personas los tengan en sus manos y, al mismo tiempo, regalarles algo de Chilaquil, como el autógrafo”, expresa.

El lomito que un día se acercó a un puesto de libros sin saber que su vida estaba a punto de cambiar terminó ayudando a darle identidad a una librería. Y mientras continúa aprendiendo a jugar, a convivir y a confiar, Chilaquil también recuerda que abrir un libro y abrirle la puerta a un animal abandonado pueden ser dos formas distintas de transformar una vida.