El templo más pequeño de Morelia; 200 años oculto en pleno Centro Histórico

El templo más pequeño de Morelia; 200 años oculto en pleno Centro Histórico
Imagen ACG

Morelia, Michoacán | ACG.- En una ciudad reconocida por sus imponentes templos de cantera rosa y altas torres, existe un recinto religioso que contrasta con la monumentalidad del Centro Histórico. Se trata del Templo del Santo Niño, considerado por vecinos y custodios como el más pequeño de la zona, aunque para muchos pase inadvertido pese a sus más de dos siglos de historia.

Ubicado sobre la calle Corregidora, casi esquina con Nicolás Bravo, a unos pasos del mercado que lleva su nombre, el templo permanece rodeado por el constante movimiento comercial. Su fachada discreta y sus reducidas dimensiones hacen que quienes recorren diariamente esa zona pocas veces reparen en su existencia.

«Hasta donde yo sé, es el templo y rectoría más pequeña del Centro. Todos los días hay misa de seis», comentó la señora Juanita, quien desde hace años cuida el inmueble.

De acuerdo con la información histórica disponible en el propio recinto, la capilla fue impulsada por habitantes del antiguo barrio del Zacatito, asentamiento que formó parte de los sectores de Santa Catarina y Chicácuaro durante el crecimiento de la entonces Valladolid.

Los registros locales señalan que el templo fue construido en honor a una imagen religiosa que, según la tradición, fue encontrada en ese lugar. Su historia también está ligada a la antigua pila pública que abastecía de agua a los habitantes del barrio durante el siglo XVIII y que aún permanece frente al inmueble.

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Un espacio diminuto que cambia por completo al cruzar la puerta

Aunque desde el exterior parece una pequeña capilla más del Centro Histórico, el interior sorprende por sus dimensiones. Más que una nave tradicional, el templo asemeja un estrecho corredor destinado a la oración, donde apenas caben unas cuantas filas de bancas separadas por un pasillo central.

Al cruzar la puerta, el bullicio del mercado y el tránsito desaparecen. La luz que atraviesa los vitrales laterales ilumina el reducido espacio, mientras una pared cubierta por nichos de madera y un techo sostenido por vigas conducen la mirada hacia un altar blanco con detalles dorados y un antiguo púlpito tallado.

Al salir, la histórica pila coronada por la imagen del Niño Dios permanece como testimonio del origen del barrio y del papel que este pequeño templo desempeñó durante siglos como punto de encuentro para los habitantes de esa zona de la ciudad.

Esta capilla, eclipsada por los grandes templos morelianos, conserva una historia que sobrevive entre las calles del Centro Histórico y recuerda que, en ocasiones, los espacios más pequeños resguardan parte del patrimonio menos conocido de Morelia.