Ramón Sánchez: Entre archivos y aulas; una vida para la historia

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  • La historia, afirma, no sólo habita en los archivos y los libros, sino también en quienes trabajan para conservarla y transmitirla a las nuevas generaciones.

Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Hay historias que comienzan en un salón de clases y terminan convirtiéndose en una forma de vida. Para Ramón Sánchez Reyna, la pasión por la historia nació entre los pupitres de la Secundaria Federal Constitución de 1917, en Coalcomán, donde un grupo de maestros despertó en él la curiosidad por comprender el pasado y observar con otros ojos el mundo que lo rodeaba.

Décadas después, aquel estudiante que realizó sus primeras investigaciones escolares es profesor de asignatura en la Preparatoria Melchor Ocampo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, institución en la que ha dedicado más de 30 años a la enseñanza.

Sin embargo, el camino que lo llevó hasta las aulas universitarias estuvo marcado por maestros memorables, descubrimientos académicos y un compromiso constante con la preservación de la memoria histórica de Michoacán.

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El suspiro

Al recordar sus años de formación, habla con orgullo de la Secundaria Federal Constitución de 1917, una institución que marcó a varias generaciones de estudiantes de la región. La educación tuvo históricamente un papel importante en Coalcomán, de donde surgieron jóvenes que continuaron sus estudios fuera de su lugar de origen y alcanzaron relevancia nacional, como el economista Ricardo Torres Gaytán y el exgobernador de Michoacán Carlos Torres Manzo.

Entre los profesores que dejaron huella en su vida destaca su maestro de Ciencias Sociales, Adalberto Cuevas Valencia, quien convertía cada clase en una experiencia distinta. Mientras explicaba la realidad económica y geográfica del país, dibujaba mapas y esquemas en el pizarrón para que sus alumnos comprendieran mejor los temas. Fue también quien impulsó a sus estudiantes a realizar trabajos de investigación sobre las culturas antiguas de México.

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El gran trabajo

A Ramón le correspondió estudiar a los tarascos. Aquella investigación, elaborada en una época en la que las tareas requerían largas visitas a bibliotecas y consultas en libros impresos, se convirtió en una experiencia decisiva. Su exposición fue tan sobresaliente que él y algunos de sus compañeros quedaron exentos de presentar exámenes durante el resto del ciclo escolar. Con el paso de los años, aquel maestro expresaría su satisfacción al verlo convertido en historiador.

Al concluir el bachillerato, la arqueología parecía ser el destino natural. Sin embargo, circunstancias familiares, entre ellas la muerte de su padre, y la orientación de profesores de Historia y Economía de la Universidad Michoacana lo llevaron a tomar otro rumbo.

Ambos coincidieron en que contaba con las capacidades necesarias para estudiar Historia y que más adelante podría especializarse en arqueología. Esa especialización nunca llegó, pero sí una trayectoria profesional profundamente ligada al estudio del pasado.

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Su profesor, de profesores…

En 1987 ingresó a la entonces Escuela de Historia de la Universidad Michoacana, una institución que comenzaba a consolidarse. Ahí conoció a quien considera el profesor más importante de su vida: el arqueólogo José Corona Núñez.

La primera impresión fue la de encontrarse frente a un académico de otra época. Con más de 80 años de edad, traje oscuro, gabardina, paraguas y un portafolios donde transportaba un proyector de diapositivas, Corona Núñez impartía las materias de Arqueología de Mesoamérica e Historia de México Antiguo.

Detrás de aquella imagen se encontraba uno de los investigadores más importantes del occidente del país, originario de Cuitzeo, descubridor de vestigios de mamut en las orillas del lago de su municipio, integrante de la primera generación de la Escuela Nacional de Antropología, colaborador del Museo Nacional de Antropología y una de las figuras clave en la fundación de la Escuela de Historia de la Universidad Michoacana.

Muy pronto, el arqueólogo identificó el interés del joven estudiante por sus clases y lo invitó a convertirse en su asistente personal. La relación académica y profesional se prolongó desde 1988 hasta el fallecimiento de Corona Núñez en 2002, convirtiéndose en una de las experiencias formativas más importantes de su vida.

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Hurgando en la historia de Michoacán

Mientras concluía sus estudios universitarios, observó también el surgimiento de una generación de historiadores comprometidos con el rescate de los archivos históricos de Michoacán. Durante años, numerosos documentos permanecieron almacenados en cajas, bodegas y espacios improvisados, mientras otros acervos se perdieron para siempre debido al abandono y la falta de conservación.

Impulsados por egresados de la Facultad de Historia, diversos municipios comenzaron a organizar, clasificar y abrir sus archivos a investigadores y ciudadanos. Aquella labor permitió rescatar una parte fundamental de la memoria documental del estado. Hoy, señala, decenas de archivos municipales cuentan con mejores condiciones de conservación gracias al trabajo de historiadores formados en la Universidad Michoacana.

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Al rescate

Su propia participación en esta tarea comenzó desde la época estudiantil. Uno de los episodios que recuerda con mayor claridad ocurrió en el archivo del antiguo Obispado de Michoacán, ubicado en la Casa de Morelos. Ahí observó la preocupación existente por el deterioro de documentos históricos a causa de plagas que afectaban los materiales utilizados para resguardarlos.

A partir de esa situación se realizaron diversas gestiones para obtener apoyo institucional. La Cámara de Comercio de Morelia contribuyó con materiales para la conservación del acervo y posteriormente se sumaron otras instancias. El interés de Erika Hinsen de Martínez Villicaña resultó decisivo para impulsar acciones que permitieran proteger una colección documental considerada invaluable para la historia de Michoacán.

Aquella experiencia le confirmó la importancia de preservar la memoria documental de la entidad. Con el paso de los años, observó cómo los archivos históricos del estado avanzaron en sus procesos de organización y conservación gracias al trabajo de especialistas, prestadores de servicio social y generaciones de egresados universitarios comprometidos con la investigación histórica.

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El hábitat

Después de más de 30 años como profesor de la Universidad Michoacana, Sánchez Reyna mantiene la convicción de que las humanidades son fundamentales para comprender la realidad y preservar la memoria colectiva. La historia, afirma, no sólo habita en los archivos y los libros, sino también en quienes trabajan para conservarla y transmitirla a las nuevas generaciones.