Editorial | Congreso: de la frivolidad a la altura de miras

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  • El examen de madurez política que encaran Gaona y Bugarini en la tribuna michoacana...

Al frente del Poder Legislativo michoacano se han posicionado dos figuras polémicas que han destacado más por sus escándalos políticos que por su labor, poniendo en duda su madurez y su altura de miras en una lista de desaciertos que no es menor. La coincidencia entre ambos es su tendencia a dar manotazos para acallar a las minorías, al tiempo que adoptan actitudes personales controversiales que evidencian una falta de respeto a la institución. Sin duda, a la cúpula del Congreso del Estado de Michoacán se le debe exigir un ajuste prioritario en su conducción ordinaria.

Los legisladores Baltazar Gaona García y Giulianna Bugarini Torres deben priorizar la mesura para superar los ríspidos debates mediáticos. El reto central radica en consolidar la productividad y el orden legal dentro de la entidad. La ciudadanía demanda acuerdos transparentes que pongan fin a los constantes diferendos en el recinto.

Al frente de la Mesa Directiva, el petista Gaona García requiere demostrar un estricto apego republicano. Resulta indispensable su colaboración oportuna con las instancias de fiscalización y justicia para deslindar responsabilidades en el caso del narcocorrido. Asumir de manera personal las consecuencias administrativas de sus actos protegerá la legitimidad de su encargo. El liderazgo institucional se construye con el cumplimiento puntual de las normas que ellos mismos aprueban.

Por su parte, actualmente libre de negativos, la morenista Giulianna Bugarini asume la Junta de Coordinación Política con la encomienda de dinamizar y pacificar la labor parlamentaria. Ella debe garantizar la inclusión de todas las fuerzas políticas, sin distinciones ni exclusiones previas. La construcción de mayorías sólidas requiere escuchar con respeto las voces críticas. Así, el debate técnico debe sustituir de manera definitiva la confrontación en las comisiones.

El Congreso local transita por un periodo determinante que definirá su trascendencia en la historia del estado. La legalidad absoluta y la prudencia política deben convertirse en el eje rector de ambas coordinaciones. Y es que solo con un ejercicio público ejemplar se podrá restituir la confianza social en sus representantes populares. El margen de error es inexistente si se busca un equilibrio democrático duradero, lo cual, por supuesto, está por verse.