La tregua de cristal en el oficialismo rompe al compás de las ambiciones rumbo a 2027, desatando una pasarela donde la disciplina se mide con licencias y renuncias. Carlos Torres Poña ya dejó la Fiscalía para adentrarse de lleno a la encuesta, mientras que Raúl Morón Orozco prefiere esperar en el Senado, estirando la cuerda de los tiempos oficiales.
Por el lado femenino del partido guinda, la ruptura de posiciones institucionales no se hizo esperar bajo la estricta consigna nacional de garantizar piso parejo. Fabiola Alanís Sámano soltó hoy la coordinación parlamentaria local, sumándose al desprendimiento de Celeste Ascencio Ortega, quien abandonó el cobijo de su escaño federal.
La presión interna obliga definiciones inmediatas en la estructura estatal, en donde colisionan las lealtades del gabinete con el imperativo de la sobrevivencia política. Gladys Butanda Macías abrió el camino de las dimisiones en el Ejecutivo, dejando la Sedum para caminar las calles en busca de la anhelada candidatura de la transformación.
El dilema de la permanencia mantiene en vilo al sector educativo, el cual observar con atención los movimientos de una de las piezas claves en el ajedrez de las aspiraciones, Gabriel Molina Aguilar estira los plazos en la SEE, argumentando cierres administrativos pendientes antes de definir si se suma a la desbandada generalizada de aspirantes.
El método misterioso de las encuestas volverá a poner a prueba la unidad de los grupos internos en Michoacán, en un escenario de tersa pero tensa calma institucional. Seis nombres para una sola silla. Un tablero fracturado y la sombra de un arbitraje centralista que definirá el futuro político desde la Ciudad de México.





