Y, el balón rodó; la fiesta futbolística sepultó la retórica del boicot magisterial en el corazón del país. La CNTE apostó a una parálisis que terminó diluida entre vallas policiacas y la euforia por la selección mexicana. El silbatazo inicial desinfló la amenaza de un gremio que pretendía arrodillar la logística del Estado.
Sin duda la terca realidad financiera sepulta la todavía utopía de derrumbar la Ley del ISSTE. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo midió fuerzas con relativo éxito y cerró la chequera ante exigencias consideradas impagables. A decir federal, ceder a ese boquete presupuestal habrá sido un intolerable suicidio financiero.
Para la óptica internacional, las marchas magisteriales fueron reducidas a mera anécdota de folclor urbano. Ninguna afición de países visitantes se solidarizó con las movilizaciones ni con quienes calificaron como fallido al país anfitrión, los goles los opacaron.
Sin duda, con el encapsulamiento del conflicto, el magisterio arriba a un callejón que se presume sin salida, marcado por el gradual desgaste. Sin aulas abiertas, las bases sindicales asolean sus fuerzas. Y, el balón sigue rodando, pero la protesta magisterial se desliza a un cuasi autogol.





