Morelia, Mich. | Agencia ACG.- En una de los estantes de Punto México, entre el cobre michoacano, los textiles y los productos gastronómicos que buscan conquistar visitantes rumbo al Mundial de Futbol de 2026, destacan varias piezas de fondo negro cubiertas por delicados trazos dorados y coloridos.
Hay cajas de madera, botellas decoradas y objetos que, a simple vista, parecen impresos por alguna máquina. Basta acercarse para descubrir que cada línea fue trazada a mano.
Detrás de ellas está Víctor Manuel Reyes Ramos, artesano orgullosamente michoacano, originario de Pátzcuaro, quien a sus 59 años representa la tercera generación de una familia dedicada a preservar la laca perfilada, una técnica que estuvo cerca de perderse y que hoy sigue encontrando espacio entre nuevas generaciones.
Mientras acomoda algunas de sus piezas y responde preguntas de los visitantes, explica que la laca perfilada forma parte de una tradición ligada a la región lacustre de Michoacán. Cuenta que la técnica actual fue rescatada por el maestro Salvador Solchaga, quien formó a un reducido grupo de alumnos encargados de transmitir el conocimiento a otros talleres. Entre ellos estuvo el padre de Víctor.

Por eso, cuando habla de su oficio, no lo hace solamente como artesano, sino como parte de una cadena que se ha mantenido viva durante décadas y que ha permitido que los delicados dibujos característicos de esta técnica continúen apareciendo sobre madera, vidrio, metal o prácticamente cualquier superficie sólida.
Aprender porque no había alternativa
A diferencia de muchos jóvenes que descubren un oficio por curiosidad o vocación, Víctor llegó a la artesanía porque así era la vida dentro de muchos hogares artesanos de Michoacán. Tenía apenas nueve años cuando comenzó a familiarizarse con pinceles, colores y procesos de decoración. Recuerda que en aquellos tiempos aprender el trabajo del padre no era una opción sino una obligación.
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Dice, que los talleres funcionaban también como escuelas familiares donde los conocimientos pasaban de generación en generación sin cuestionamientos. «Vivimos una etapa donde tenías que aprender el oficio del papá quisieras o no quisieras. Era o aprendes o aprendes», recuerda entre risas.
Durante algún tiempo pensó que quizá podría dedicarse a otra cosa. Sin embargo, los años fueron cambiando su percepción. Los concursos artesanales, los reconocimientos y la satisfacción de ver cómo las personas observaban y compraban sus piezas terminaron construyendo un vínculo distinto con el oficio que había aprendido desde niño. Lo que comenzó como una imposición familiar terminó convirtiéndose en una pasión que hoy defiende con orgullo.

«La gente agarra una pieza y ves que le gusta. Eso te da mucha satisfacción. Con el tiempo le tomas amor a lo que haces», asegura mientras muestra una botella decorada con motivos florales.
Explica que una de las fortalezas de la laca perfilada es su capacidad de adaptarse. Aunque tradicionalmente se asocia con cajas o piezas de madera, actualmente trabajan sobre vidrio, cobre, plástico y otros materiales. Incluso bromea diciendo que los automóviles también están laqueados, aunque con procesos industriales diferentes. Esa posibilidad de experimentar con nuevos soportes les ha permitido encontrar mercados distintos y mantener vigente una técnica que nació siglos atrás.
El futuro detrás del pincel
A pesar de que muchas artesanías enfrentan dificultades para atraer aprendices jóvenes, Víctor considera que la laca perfilada atraviesa un momento favorable. Explica que diversos artesanos participan actualmente en programas de capacitación donde reciben a jóvenes interesados en aprender el oficio.
Sabe que nadie domina una técnica como esta en unos cuantos meses, porque requiere práctica constante, paciencia y disciplina, pero considera que esos primeros acercamientos ayudan a despertar vocaciones y a garantizar la continuidad del trabajo artesanal.
«Gracias a Dios no se está perdiendo. Estamos tratando de difundirla más», afirma.

Lo que más le llama la atención es que muchos de esos jóvenes encuentran algo más que una actividad económica. Observa que utilizan la pintura y el dibujo como una forma de expresar emociones, inquietudes o creatividad. Para él, la artesanía ya no debe entenderse únicamente como un oficio heredado, sino también como una herramienta artística que permite a cada persona dejar algo propio en las piezas que realiza.
Sus hijos conocen la técnica, saben preparar materiales y participar en algunos procesos del taller, pero eligieron caminos profesionales distintos. Ninguno continuará directamente con la tradición familiar. Sin embargo, eso no parece preocuparle demasiado. Asegura que varios de sus alumnos ya viven de la artesanía y han comenzado a desarrollar su propio trabajo.
Mientras tanto, Víctor permanece detrás de su mesa en Punto México, explicando una y otra vez el origen de cada pieza. Los visitantes observan los detalles dorados, preguntan por los materiales y toman fotografías. Él responde con paciencia. Después de medio siglo dedicado a este oficio, parece tener claro que las tradiciones no sobreviven solamente porque alguien las conserve, sino porque siempre existe alguien dispuesto a aprenderlas.





