Celeste Ascencio, mea culpa
En el ejercicio de los medios de comunicación, más aún en televisión o en radio, la palabra es un arma de doble filo: construye puentes, pero, también, cuando se emplea con imprecisión, puede desdibujar realidades complejas. En la más reciente emisión del programa Los demonios sueltos, al hablar de candidatas a la gubernatura, cometí el error conceptual importante al referirme a la senadora michoacana Reyna Celeste Ascencio Ortega. Señalé, bajo la lógica equivocada, que, al asumir políticamente la bandera de la diversidad sexual, se dejaba de ser o de contar como mujer en el tablero político electoral.
Aclarar esto no es un simple formalismo; es un ejercicio de rigor periodístico y de justicia política. Afirmar que una identidad anula a la otra es desconocer el principio más básico de la representación moderna: la interseccionalidad. La senadora Ascencio Ortega no habita una sola casilla política. Es mujer, es joven, es abogada, es orgullosamente purépecha y es y una mujer abiertamente integrante de la comunidad LGBTQ+. Ninguna de esas realidades le resta valor a la otra; al contrario, se potencian y se suman, como lo han hecho de mi conocimiento.
El marco legal e institucional de nuestro país ha evolucionado precisamente para entender que las personas no somos unidimensionales. En los tribunales electorales y en la vida democrática, las acciones afirmativas coexisten con la paridad de género. Celeste Ascencio no llegó al Senador para la cuota de un solo sector, quitándose una identidad para situarse otra. Llegó para legislar desde la riqueza de todas sus facetas, representando simultáneamente las luchas históricas de las mujeres mexicanas, de los pueblos originarios y de las comunidades LGBTIQ+.
Si, si es necesario corregir en público lo que en público se descompuso. En este espacio y en el programa Los demonios sueltos mantendremos el compromiso firme con el debate respetuoso y, sobre todo, con la verdad conceptual. Vaya desde aquí, una disculpa horizontal, pública, a la senadora Celeste Ascencio Ortega. Sin duda, su trayectoria es el reflejo de un México plural donde las identidades no se restan ni se excluyen, sino que caminan juntas rumbo a la conquista de los derechos.





