El teleférico de Uruapan no es solo una obra de ingeniería, sino una de las joyas de la corona del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla. Esta infraestructura, de las más emblemáticas de su administración, busca transformar no solo el rostro urbano, sino también el mapa electoral estatal.
La ejecución del proyecto recayó en Gladys Butanda Macías, titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad del estado. Para muchos observadores, este encargo técnico lleva implícito un fuerte mensaje político y una proyección directa hacia el futuro inmediato.
El mandatario michoacano ha sido claro en su premisa, hoy silenciada: es tiempo de mujeres. Y, al colocar a Gladys Butanda al frente de esta obra monumental sigue pavimentando el camino para tratar que ella logre la candidatura morenista a sucederlo.
La estrategia es evidente: lucir la eficiencia administrativa como una plataforma de lanzamiento hacia la gubernatura. El cablebús de la Perla del Cupatitzio es, en el fondo, uno de los vehículos donde viajan las aspiraciones sucesorias del grupo en el poder.
Sin embargo, en las alturas de la política en la entidad, no vuela sola, hay más aspirantes guindas, con mejores perfiles. Ahí están las figuras de Raúl Morón Orozco, puntero en las encuestas, y Carlos Torres Piña, quien posee una de las estructuras partidistas más sólidas.
En la terna feminista, la competencia interna es feroz, con perfiles de pesos que siguen reclamando su lugar en la boleta electoral. Gabriela Molina Aguilar, desde la trinchera educativa, y Fabiola Alanís Sámano, con bendiciones federales, son dos piezas fundamentales en este tablero.
La Lucha entre bedollistas, moronistas y otros grupos parece ser el verdadero trasfondo de cada estación inaugurada en este moderno sistema de transporte. Mientras el cable se tensa, los aspirantes miden fuerzas en un juego donde la cercanía con el gobernador será un factor relativo.
Así, el teleférico se convierte en uno de los epicentros de una batalla en la cual se juega más que el transporte uruapense. En esas alturas, entre otras luchas, se trata de incidir, híbridamente, entre lo mediático y en un mayor control de la estructura política para el evidente e inevitable palomeo.





