Osvaldo, el Cristo de Charo

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Charo, Mich. | Agencia ACG.- Lo fueron a buscar al salir de trabajar, sin previo aviso y con una invitación que, de entrada, ni siquiera imaginó. Osvaldo Orozco Caravantes, de 22 años y originario de la comunidad de Francisco I. Madero, en Charo, pensó primero que querían hablarle “para algo de política”, pero en realidad lo estaban invitando a representar a Cristo en una de las escenificaciones de Semana Santa más reconocidas de Michoacán.

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“Yo no me esperaba para nada la noticia”, contó entre risas al recordar cómo integrantes de la mesa directiva de la iglesia lo llevaron a la plaza, lo invitaron a una paleta y un agua, y ahí le hicieron la propuesta formal para asumir el papel principal del Viacrucis.

Aunque la invitación llegó desde 2025, en aquel momento no pudo aceptar. Estaba por concluir la carrera de Ingeniería Mecánica en el Instituto Politécnico Nacional y, según explicó, atravesaba una etapa crítica de sus estudios. Fue hasta este año cuando finalmente dijo que sí.

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“Me sentí muy honrado, muy feliz, pero en ese momento no pude. Ahora sí se dio la oportunidad y la verdad la asumo como una gran responsabilidad”, expresó.

Para Osvaldo, el papel no sólo implica aprender un libreto o participar en una representación multitudinaria. Lo entiende como una tarea que rebasa lo personal y toca a toda la comunidad, en un municipio donde esta tradición de Semana Santa tiene un peso especial.

“Sabemos que Charo tiene una de las representaciones más importantes del estado de Michoacán, entonces es una responsabilidad grande que este papel salga de buena manera”, señaló. Y añadió que una de las intenciones detrás de su participación es que la escenificación también logre tocar a quienes se han alejado de la fe: “La misión en todo esto es mover la fe en los corazones de las personas”.

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Su preparación ha sido física, mental y espiritual. Desde que supo que podría asumir el papel comenzó a mentalizarse, pero fue a partir de febrero cuando intensificó el entrenamiento para poder cargar una cruz de entre 80 y 100 kilogramos, es decir, más de lo que él mismo pesa.

“Pesa más que yo. Yo peso 68 kilos”, resumió.

En los ensayos, dijo, el esfuerzo se siente de inmediato. La cruz lastima, incomoda y obliga al cuerpo a soportar el peso en una postura forzada. Aun así, asegura que ahí también entra la parte interior, la convicción con la que se carga.

“Físicamente sí duele. Me duele la espalda, me duele el hombro, porque la cruz pesa mucho y además va uno como encorvado; el peso se carga mal y resiente mucho la espalda baja”, relató. “Pero espiritualmente, cuando ya vas mentalizado, yo siento que pesa menos”.

En ese proceso, una frase que le compartió otro de los participantes le ha servido de guía durante los ensayos: “Tú carga la cruz, encariñate con ella; la cruz y tú son uno mismo. No te quejes de ella, abrázala y mentalízate de que vas a poder”.

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Más allá del desgaste físico, Osvaldo habla del papel como una forma de agradecimiento. Dice que lo asume como una ofrenda por la salud de su familia, por la posibilidad de despertar cada día y por las cosas sencillas que, a veces, pasan desapercibidas.

“Representa muchas cosas para mí: agradecimiento total a Dios, a la Virgen, por la salud de mi familia, por tenerlos, por despertar cada día bajo un techo. La verdad, decir gracias no es suficiente; esto también lo hago como una ofrenda”, afirmó.

A diferencia de otros participantes, Osvaldo no viene del teatro. Nunca había actuado, ni siquiera había formado parte del staff de la representación. Su formación está completamente fuera de ese mundo, pero confía en que su facilidad de palabra y el trabajo en los ensayos le han ayudado a construir el personaje.

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“Yo siempre he pensado que aprenderse el libreto y decirlo no es tan difícil; lo difícil es transmitir el mensaje y hacerlo sentir”, explicó. Incluso, comentó que ha optado por ajustar algunas palabras del texto original para que el mensaje llegue con mayor claridad al público, en especial a los niños. “Si una palabra se oye muy complicada, la cambio por otra más clara para que me entiendan mejor. Eso es más difícil y más importante que sólo memorizar”.

Aunque aseguró que no se siente nervioso, sí reconoció cierta angustia ante la posibilidad de que surja algún imprevisto durante la representación, precisamente porque nunca antes había estado tan involucrado en esta tradición y ahora le toca encabezarla.

“Más que nervios, siento miedo de que pase algo que no estaba contemplado y de cómo lo voy a resolver. Nunca había participado en ningún papel, ni siquiera como staff, entonces ahora estar tan de lleno y con el papel principal sí te pone a pensar muchas cosas”, dijo.

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Pese a ello, Osvaldo asegura que está entregado por completo a esta etapa. Tras terminar la carrera en enero, decidió concentrar su tiempo en las actividades de Charo, entre los ensayos, la preparación física y la vivencia de la cuaresma.

“Sí, ahorita estoy totalmente dedicado en cuerpo y alma”, sostuvo.

Sobre la posibilidad de repetir el papel el próximo año, no quiso cerrarse por completo. Aunque al principio pensaba que no, ahora deja la puerta entreabierta.

“Yo al principio decía que no, pero ya ves que cae más rápido el hablador que el cojo; entonces, está en veremos”, dijo, dejando escapar una sonrisa.