Editorial | MICHOACÁN, EL ÚLTIMO REGRESO

Imagen tomada de la página El Charro en vivo

El luto no conoce fronteras, pero en estos días hay dos casos que se tiñen con la cólera oficial.

Dos michoacanos, de los catorce mexicanos caídos en EU, ya no volverán a su tierra de origen.

Bajo el tormentoso yugo del ICE, la vida, en dos vías, se les escapó entre rejas y operativos de campo.

Desde este territorio michoacano se puede expresar con la claridad de quienes conocen el dolor de la ausencia:

No son solo cifras en una estadística fría de la administración estadounidense, de los tiempos de Trump.

Son una parte de decenas de historias de Michoacán truncadas por la negligencia y la fuerza desmedida.

Uno de los paisanos murió esperando la medicina que el carcelero decidió llana y simplemente ignorar.

El otro cayó en la embestida de una redada de agentes de inmigración, que todo indica no sabe de humanismos.

Si, la dignidad michoacana otra vez fue pisoteada en el extranjero; los compatriotas murieron buscando futuro.

El gobierno mexicano, a cargo de Claudia Sheinbaum Pardo, levanta la voz y apunta hacia la CIDH con firmeza.

De esa forma, México se suma como amicus curiae, como amigo de la Corte, a demandas por condiciones insalubres.

Pero mientras la burocracia avanza a su ritmo, el llanto en los pueblos de las víctimas no se detiene.

¿Hasta cuándo se seguirá permitiendo que el llamado sueño americano sea una tumba anticipada?.

Michoacán cuenta sus ausencias mientras otros discuten políticas de seguridad, a los más alto niveles.

Hoy, en día, como en otros, se exige justicia y autopsias externas para que la verdad no sea otra víctima.