CRÓNICA: CUANDO EL INTERNET DEJA DE SER PROMESA

Imagen Mauro Díaz Baeza / Acueducto Noticias

Morelia, Mich. | Mauro Díaz Baeza / Acueducto Noticias.-Desde hace más de una década, el acceso a internet es un derecho en México. Está en la Constitución, en el artículo 6°, como una obligación del Estado de garantizar el acceso a las tecnologías de la información. En la práctica, ese derecho suele quedarse a medias, hay muchos casos, pero un ejemplo sencillo: en muchas escuelas públicas la conexión existe, pero es limitada, inestable, insuficiente. El internet está, pero no alcanza. Se satura, se cae, no carga.

Con ese fondo, la promesa de conectividad toma otra forma cuando se traduce en algo físico…

Hoy en Morelia, desde antes de llegar al Centro de Convenciones y Exposiciones de Morelia (CONEXPO), ya se alcanzaba a ver el flujo. Grupos de estudiantes caminaban en la misma dirección, muchos vestidos de blanco: batas, uniformes, mochilas. La mayoría venía del área de la salud, por la cercanía de sus escuelas.

Acudían a la entrega de tarjetas SIM del programa D4TA (Datos Gratis), un evento programado en el mismo recinto y que sería encabezado por el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla.

Sin embargo, al llegar al lugar (con capacidad para más de cinco mil personas) había huecos. Filas de sillas ordenadas que no se ocuparon, espacios vacíos de esos que no funcionan en la foto oficial. En el escenario, los nombres impresos marcaban lugares reservados para funcionarios que no llegaron. Se esperaba un acto formal, con discurso, con arranque. No ocurrió.

El cambio no se anunció, se fue notando. Primero empezaron a mover sillas. Luego a quitarlas y minutos después lo confirmaron: podían pasar directamente a recoger sus chips.

Y entonces el espacio se reorganizó por completo. Lo que no se llenó en el escenario empezó a concentrarse en la planta baja.

Por fin, a lo que iban los jóvenes. Aunque no sin antes pasar por la lógica de la fila. Al llegar, los pasos eran simples: confirmar el registro previo, verificar la documentación, esperar la revisión del IMEI para saber si el celular era compatible con el chip de la CFE (spoiler: algunos no lo fueron), pasar a la validación de datos y luego a la activación. En ese punto se sugería hacer una llamada para comprobar que todo funcionara. Después, registrarse en el RNU y finalmente entregar los documentos.

El proceso no era tan distinto a esas escenas en el centro donde te preguntan si quieres cambiar a telcel, solo que ahora es a “CFE”, y además, gratis… lo que implica conservar el mismo número, para los que tenían la duda. 

Pero no todo fue fluido. Hubo momentos en los que la plataforma se caía, deteniendo la fila sin explicación clara. Y en otros casos, el problema era más concreto: celulares que no resultaban compatibles. Ahí, la solución era tan simple como incierta: “si traes otro celular, te lo podemos dar…” pero  ¿qué tan conveniente es cambiar de celular? La decisión quedaba del lado de los jóvenes.

Aun así, la mayoría salió con su chip activado.

La escena se repetía a lo largo de la fila: jóvenes mirando su pantalla mientras avanzaban lentamente. Algunos con celulares básicos, otros con modelos recientes. El acceso a los dispositivos no es igual, aunque ahora el acceso a la red intenta serlo. El programa está dirigido a estudiantes de escuelas públicas; ahí está el primer filtro. Otros quedan fuera, incluso quienes estudian con becas en escuelas privadas.

El derecho, en teoría, es para todos. Pero en la práctica empieza a materializarse por partes, y últimamente esas partes tienen un destinatario claro: los jóvenes. Programas, apoyos, entregas. Una coincidencia interesante, sobre todo cuando muchos de los que hoy hacen este están a meses de cumplir 18 o recién los cumplieron. Y el registro será otro, a la lista nominal. No hace falta decir más para entender el cruce. 

El evento que no sucedió en el escenario terminó ocurriendo abajo, sin micrófono, sin discurso, sin foto oficial. De un lado quedaron las sillas vacías con nombres impresos. Del otro, una fila que no se terminaba.

Entre ambos, algo más concreto que cualquier anuncio: la forma en la que un derecho empieza, o no, a cumplirse.