Editorial | AMLO: ni tan retirado ni tan callado

Imagen especial

Editorial

Se dijo que se iba. Se juró que el silencio sería su único compañero en las tierras chiapanecas de “La Chingada”.

Sin embargo, el guion del expresidente Andrés Manuel López Obrador parece tener más capítulos de los que la sobriedad política recomienda.

Apenas han pasado meses desde aquel 1 de octubre de 2024 y la “jubilación” ya suma cuatro interrupciones que, más que ecos del pasado, se sienten como intervenciones del presente.

La última reaparición nos deja un sabor de boca conocido: el respaldo incondicional a Cuba. Bajo el argumento de la soberanía y el rechazo al bloqueo de un Donald Trump que no se anda con tientos, López Obrador sale de su nicho invernal para pedir dinero.

Sí, una colecta civil para paliar la crisis de la isla. Lo curioso no es su solidaridad ideológica, sino el momento y la forma, justo cuando los rumores sobre su salud -desmentidos por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo– flotaban en el ambiente como nubarrones de duda.

Hagamos memoria.

Primero fue la elección judicial de junio de 2025; ahí estuvo, en la urna, legitimando su reforma estrella. Luego, en noviembre, nos exhibió un video de 50 minutos para presentar su libro Grandeza, asegurando que lo suyo no era simulación.

Aun así, la realidad lo desdice: cuando Estados Unidos puso las manos sobre Nicolás Maduro en enero de 2026, el tabasqueño no aguantó el silencio y arremetió contra la «tiranía mundial» de Washington.

Esta dinámica pone a prueba la narrativa de independencia de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ante el llamado para armar una «vaquita» por Cuba, la mandataria no tardó en cerrar filas; desde Nayarit, respaldó la colecta asegurando que la iniciativa refleja la grandeza del corazón de los mexicanos.

Sin embargo, entre líneas, el mensaje es otro. Mientras la presidenta insiste en que no habrá distanciamiento porque ambos emanan del mismo movimiento, la oposición afiló los dientes.

Figuras del PAN y el PRI no tardaron en calificar la reaparición como una «intromisión inaceptable» y un síntoma de que el «maximato» es una realidad.

Los críticos señalan que, mientras el país enfrenta sus propios retos, el expresidente distrae la agenda pública, forzando a Claudia Sheinbaum a actuar más como escudera que como jefa de Estado.