Morelia, Mich. | Agencia ACG.- A los 15 años, Josué Serafín Pérez Aparicio ya no es solo una promesa. Recientemente fue reconocido por la Asociación de Squash del Estado de Michoacán como el mejor jugador del año, distinción que respalda una trayectoria construida desde la infancia con disciplina, resultados y carácter.
Estudiante del segundo semestre en la Preparatoria Santo Tomás Moro de la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ), Josué representa un perfil poco común: alto rendimiento deportivo sin descuidar el académico. Mantiene promedio de nueve y combina clases, tareas y entrenamientos diarios bajo una rutina estricta que inicia a las seis de la mañana y termina entrada la noche.
Su historia en el squash comenzó casi por coincidencia. “Yo empecé con natación y fútbol cuando tenía como cuatro años”, recuerda. El giro llegó cuando sus padres buscaron un deporte para su hermana mayor. “Encontraron el squash y como a los seis meses yo me metí y ya le agarré el gusto”. Tenía seis años cuando dejó el fútbol y tomó la raqueta.
El punto de quiebre ocurrió poco después. Era el más pequeño del grupo y se sentía superado. “Estaba terminando de entrenar y yo era el más chico. Me acuerdo que estaba sentado en una silla y mi entrenador se sentó al lado mío”. La conversación fue directa: “Me dijo que tenía mucho talento, que le echara ganas, que tenía mucho futuro, pero que no iba a ser fácil”. Esa advertencia lo marcó. “Me motivó bastante”.
Desde entonces, la disciplina se convirtió en su eje. “Es lo más importante que me ha enseñado el squash”, afirma.
En la Preparatoria Santo Tomás Moro ha encontrado un esquema que le exige resultados académicos mientras le permite competir a nivel nacional e internacional. La institución le otorga facilidades para justificar faltas por torneos, siempre que mantenga el promedio requerido y cumpla con sus responsabilidades escolares. Para Josué, esa confianza institucional ha sido clave para sostener su desarrollo integral.
Su jornada se divide entre clases de siete de la mañana a una cuarenta de la tarde, tareas, acondicionamiento físico y entrenamiento en el Complejo Deportivo Venustiano Carranza. Incluso su alimentación forma parte del compromiso: lleva más de un año bajo supervisión de una nutrióloga deportiva. “Para mí fue un gran sacrificio dejar galletas o papas”, admite.

Los resultados respaldan el esfuerzo. En la Olimpiada CONADE suma tres medallas de oro y dos de plata, y este año disputará su quinta participación. Además, ha competido en múltiples estados del país y ha representado a México en torneos internacionales en Canadá y Estados Unidos.
Su primer torneo internacional fue en Canadá, cuando tenía casi 12 años. Ese viaje no solo marcó su carrera, sino también su vínculo familiar. Tras ganar un partido cerrado en cuartos de final y avanzar a semifinales, salió de la cancha y se encontró con su hermana, quien lo acompañaba en el torneo. “Salí y lloré con mi hermana”, recuerda. Después llamó a su madre. “Le marqué llorando y le dije: ‘Mamá, pasé a la semifinal’”.
En esa competencia en 2022 obtuvo el cuarto lugar en la categoría Sub-13. Tres años después, en 2025, repetiría el cuarto sitio ahora en la Sub-17, destacando como el único de los 30 mexicanos en la delegación que logró traer un trofeo a casa. Aquella experiencia le dio seguridad: “La verdad fueron detalles los que me separaron de la final. No se ve imposible”.
Hoy busca clasificar por tercer año consecutivo al Abierto de Canadá, objetivo que depende del circuito nacional de puntos. También aspira a competir en el Abierto Juvenil de Inglaterra, considerado uno de los torneos más importantes del mundo en su categoría. “Sería muy emocionante representar a México en un torneo tan importante”, afirma. En el corto plazo, su meta es clara: conseguir tres medallas de oro en el selectivo rumbo a la Olimpiada CONADE y subir al podio en un panamericano en Colombia.
En la cancha asegura que la presión no lo rebasa. “Empecé muy chico y para mí ya es algo natural”. Fuera de ella se define como un joven equilibrado: “No me considero muy extrovertido ni muy introvertido. No me cuesta hacer amigos. Soy amable, chistoso, a veces un poco molesto, pero en juego”.
Cuando piensa en el legado que quiere dejar, no habla únicamente de títulos. “Me gustaría que me recordaran como un buen deportista, como alguien disciplinado en lo académico y en lo deportivo. Por mis resultados, pero también por ser respetuoso y amable. Como un ejemplo a seguir”.
Mientras persigue el sueño de competir en Inglaterra y consolidarse internacionalmente, Josué continúa su formación en la UVAQ, donde combina exigencia académica y proyección deportiva. A los 15 años, el mejor jugador juvenil de squash en Michoacán ya entendió que el verdadero triunfo no está solo en el marcador, sino en la constancia diaria que sostiene cada punto.






