Cómo un Gato le cambio la vida a Héctor Emiliano

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  • Trabajar, resistir y volver a empezar, la existencia de un sobreviviente…

Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Héctor Emiliano Durán Fabián, y su historia se entiende mejor cuando se escucha desde dos voces, la de su mamá y la de él.

“Yo tuve a Emiliano a los dieciocho años”, cuenta su mamá. “Fue una edad difícil. Enfrentar a la sociedad, a la familia, todo eso fue complicado”. Dice que al principio estuvo sola y que tuvo que tomar decisiones sin saber exactamente qué iba a pasar.

“Mi familia sí me apoyó, pero el papá de Emiliano no estuvo al inicio. Entonces fue doble trabajo, doble peso”, explica. Aun así, nunca dudó. “Yo decidí enfrentarlo todo por mi hijo. Decidí tenerlo y dar mi vida por él”.

Sobreviviendo

Cuando Emiliano era bebé, enfermó gravemente. “Le dio meningitis a los seis meses. Estuvo entre la vida y la muerte, hospitalizado mucho tiempo. Sobrevivió, y después supimos de su discapacidad auditiva”. A partir de ahí, su vida cambió por completo.

“Yo lo llevé a todas las terapias, a todos los doctores. Me esforcé para darle los mejores aparatos. Hacía rifas, quermeses, me endeudaba. Hasta la fecha sigo pagando cosas, pero siempre quise que él tuviera oportunidades”, dice.

Reconoce que como madre muchas veces se sintió culpable. “Una siempre piensa que le faltó algo, que pudo haber hecho más. Yo muchas veces me sentí así. Pero hoy entiendo que hice lo mejor que pude”.

La depresión, la realidad y el otro mundo…

Héctor habla despacio y con palabras sencillas. “Mi vida fue complicada desde niño”, dice. Cuenta que pasó por muchas escuelas, tanto regulares como especiales. “En ninguna me sentía bien. A veces no entendía nada, a veces se burlaban de mí”.

Dice que eso le afectó mucho. “Me dio depresión. Fueron muchos años difíciles”. Habla también de errores y momentos difíciles. “Tuve problemas, me perdí un tiempo y caí en el vicio. Fue una etapa muy pesada y me asusté mucho. Ahí reaccioné y decidí cambiar. Llevo ya varios años sin consumir nada”, dice con claridad.

Sobre el trabajo, dice que ha pasado por muchos lugares. “He trabajado de muchas cosas: en gimnasios, cafeterías, como maestro, en hostales. A veces no me gustaba, a veces no me pagaban bien. Estuve hasta un año sin trabajo”, cuenta.

También habla de una experiencia que marcó su forma de ver el mundo: su estancia en Austria. “Allá estuve un tiempo y fue muy diferente a México”, explica. Dice que le sorprendió el nivel de apoyo y la forma en que las personas con discapacidad auditiva pueden desenvolverse con mayor independencia.

“Allá hay más accesibilidad, más respeto y más oportunidades. Aquí en México es más difícil. Aquí tienes que esforzarte el doble para que te tomen en cuenta”, dice.

El arribo a Gato Sordo

Para Héctor, esa comparación es clara. “En México todavía falta mucho. Falta apoyo, falta información y falta empatía”, comenta, aunque también reconoce que espacios como Gato Sordo ayudan a cambiar poco a poco esa realidad.

Héctor explica que durante mucho tiempo le costó encontrar un lugar donde se sintiera cómodo trabajando. “He pasado por muchos trabajos y en varios no me sentía bien”, dice. A veces por la falta de comunicación, otras por el trato o por las condiciones laborales.

Hoy, cuenta que finalmente encontró un espacio donde puede trabajar con tranquilidad y sin miedo. “Aquí puedo hacer mi trabajo, estar concentrado y sentirme respetado”, explica. Para él, eso hace una gran diferencia en su día a día.

Dice que este tipo de espacios ayudan mucho a las personas con discapacidad auditiva, porque permiten trabajar con mayor seguridad y confianza. “Cuando hay respeto, uno puede dar más”, afirma.

Héctor cree que Gato Sordo no solo es un trabajo. “Aquí la gente aprende respeto. Aprende a ver diferente”. Para él, tener este empleo significa estabilidad y sentirse útil.

Su mamá lo resume así: “Yo siempre quise que él pudiera valerse por sí mismo. Verlo trabajar aquí me da tranquilidad”.

La historia de Héctor Emiliano Durán Fabián es una historia real, contada con palabras simples, de esfuerzo, caídas y segundas oportunidades.

En Gato Sordo, entre café y señas, Héctor sigue adelante, construyendo su vida paso a paso.