Morelia, Michoacán | Agencia ACG.– En la calle General Gertrudis Sánchez, a una cuadra del Templo de la Santísima Trinidad, una tradición que comenzó hace más de dos décadas sigue reuniendo a vecinos y visitantes cada 11 y 12 de diciembre en la colonia Obrera.
Penélope recuerda que su abuelita, Catalina Pérez, colocaba una pequeña imagen de la Virgen en el balcón de su casa. Aquella figura, hecha de cantera, había sido elaborada por José Inocencio Leon, maestro cantero de la misma colonia y reconocido por trabajar en templos, fuentes y estructuras de cantera en Morelia.
Con el paso del tiempo, la primera imagen fue retirada y reemplazada por otra, mientras ella y el vecino Eduardo León se encargaron de recuperar el lugar, que anteriormente era un basurero donde incluso personas acudían a beber o drogarse.
“Antes estaba bien feo, tiraban basura desde arriba. Mi abuelita siempre limpiaba, pero no se podía. Cuando pusimos la Virgencita, la gente empezó a respetar más”, cuenta Penélope.

La tradición tomó aún más fuerza después de que Penélope se recuperó de un aneurisma cerebral, hecho que ella considera un milagro. Desde entonces, mantiene el sitio arreglado durante todo el año: las luces permanecen encendidas, las cortinas se renuevan cada mes y la imagen se decora constantemente.
Aunque la calle ha sido históricamente ignorada por las autoridades —y los mismos vecinos han pavimentado con cemento y chapopote lo que han podido—, la celebración nunca ha faltado. Cada 11 de diciembre a medianoche se cantan las mañanitas con música, que puede ser norteño, banda o mariachi dependiendo de lo que la comunidad logre reunir.
El 12 de diciembre al mediodía se celebra una misa en el mismo sitio, oficiada por el sacerdote del templo cercano. Después, los asistentes reciben comida totalmente gratuita: pozole, tamales, corundas o ponche, según las posibilidades del año.
“Todo lo pagamos nosotros, es por agradecimiento a la Virgencita”, expresan.
Lo que nació como una pequeña devoción familiar en un balcón hoy se ha consolidado como un punto de encuentro para toda la colonia Obrera. La tradición sigue viva y se ha convertido en un símbolo de fe, unión y transformación comunitaria.






