Morelia, Michoacán | Redacción.- Hoy por la tarde, la capital michoacana se teñía de luz y memoria cuando la procesión que partió de la fuente de Las Tarascas avanzó sobre la avenida Avenida Madero Oriente hacia los pies de la Catedral de Morelia. Décenas de jóvenes, ataviados con trajes tradicionales purépechas, portaban velas y flores de cempasúchil, dejando tras de sí una estela de luz que parecía llamar a los ancestros. De la música de banda brotaba un pulso ritual, y de las aceras de la ciudad surgían pasos, miradas, emociones: se vivía el presente de una tradición que se rehace.
Cerca de seiscientos estudiantes de la Preparatoria Federal por Cooperación Melchor Ocampo y otros participantes se unieron al recorrido, que comenzó en Las Tarascas y concluyó frente a la Catedral, donde se suspendió por un instante el bullicio urbano para ceder al silencio y al latido profundo de la cultura.

El motivo de esta caminata fue la conmemoración anticipada de la Día de Muertos, momento en el que los pueblos originarios honran a sus difuntos. Según la Secretaría de Cultura municipal, esta iniciativa —organizada en colaboración con la Preparatoria y la propia institución educativa— busca preservar y difundir la riqueza cultural de los pueblos purépechas de Michoacán, especialmente en su dimensión ceremonial.
En cada paso resonaron la memoria y el presente: los trajes, las flores, las velas, la música, el paso lento por la avenida llena de miradas y pisadas. Todo se combinó para crear una experiencia que no era sólo marcha, sino rito. Las comunidades originarias, la herencia, la juventud, la ciudad: se entrelazaron en una celebración que afirmaba que la tradición no es un relicario polvoriento, sino un fuego vivo que arde en la avenida, bajo la bóveda del cielo y al ritmo de los tambores.






