Morelia, Michoacán | Redacción Asaid Castro ACG.– En los muros, las banquetas y los camellones de la ciudad aparecen pequeñas señales de memoria, el nombre real de estos altares es el de cenotafios, usualmente cruces que marcan el sitio exacto donde alguien perdió la vida; algunas llevan flores de plástico y mensajes escritos con marcador; otras, apenas las iniciales y una fecha, pero a fin de cuentas, todas son un intento por no olvidar.
«En nuestra memoria vivirás para siempre, con cariño y eterna gratitud de los que te amamos con el corazón, descanse en paz Jesús García Ávila. (1967-2024)» dice una cruz bajo el puente que da a la entrada de Torreón Nuevo, al norte de la ciudad. Su mensaje, grabado en una placa metálica, resiste el polvo y el paso de los autos como un susurro de amor que se niega a desaparecer.
A lo largo del anillo periférico que rodea al centro de la ciudad es donde se encuntran decenas más, solo es necesario mirar por la ventana del vehículo, o la combinación, para imaginar una historia de lo que paso a la orilla de una vialidad, a la vuelta de una esquina o hasta frente a una casa cualquiera en la capital.
En la esquina de la calle Joaquín Colombres y la avenida Quinceo, siete cruces blancas comparten una misma pared, junto a ellas, un mural desgastado con los nombres de Ricardo, Héctor, Naín, Manolo, Jorge, César y otros tres son apenas visibles por el desgaste del tiempo.

El mural se titula “Smile Now, Cry Later”, y parece contar la historia de un hecho violento: rostros tatuados, cárceles, la Virgen de Guadalupe y un eco de pandillas que ya no están.
En México, estas cruces se conocen como cenotafios, palabra de origen griego que significa “tumba vacía”, pues no guardan cuerpo, pero sí memoria, a pesar de ser, en su mayoría, altares improvisados que mezclan lo religioso y lo popular, con urbano y lo íntimo.
Surgieron como una manera de honrar a quienes murieron en un accidente o de forma violenta, y hoy son también advertencia y memoria: señales de un camino que cobró una vida.

Cada una tiene su historia y su cuidador invisible, sobre la Calle el Retajo, en la colonia Alberto Oviedo Mota, hay un túnel que conduce a la calle Margarita Maza de Juárez: «ahí murió un señor de seis disparos, creo, por 2013, ya nadie va checar la cruz desde hace un tiempo» cuentan los vecinos.
No hay formato ni permiso oficial para colocarlas, y algunas son de herrería, otras de madera o simplemente pintura en la pared, aunque todas cumplen la misma función: mantener la memoria.






