Don Jesús, una vida dedicada al arte de la nieve artesanal

Imagen Félix Madrigal / ACG

Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Bajo el sol y entre el bullicio del Festival Morelia en Boca, un carrito de nieves llama la atención por su sencillez y su historia. Detrás de él está don Jesús Flores Hernández Tórdenes, de 71 años, quien desde los ocho se dedica a vender nieve, continuando una tradición familiar que nació hace más de siete décadas en Ciudad Hidalgo, Michoacán.

“Mi papá, en paz descanse, fue quien inició este negocio”, cuenta mientras acomoda con cuidado las cubetas llenas de color. “Yo tenía ocho años cuando empecé a vender nieve, y desde entonces no he parado”. Su padre, don Samuel Flores Ponce, fue uno de los primeros en hacer nieve artesanal en la región, cuando los sabores se reducían a dos: limón y la llamada “pasta”, una versión casera de la vainilla.

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Con el paso del tiempo, la receta se multiplicó junto con la creatividad familiar. Hoy, don Jesús prepara más de 50 sabores, entre los que destacan los de zongos, cajeta, zapote, queso, elote, cacahuate y Filadelfia. “Usamos los mismos ingredientes que usaba mi papá: leche natural de vaca, hervida, y el toque casero que nunca se pierde”, dice orgulloso.

El oficio se ha transmitido por generaciones. “Mi hijo también vende nieve allá en Ciudad Hidalgo, y toda la familia ayuda a hacerla. Nos echamos la mano todos, como antes”, comenta mientras ofrece una probadita de su nieve más tradicional.

Aunque regularmente se le encuentra en los eventos de la Universidad Vasco de Quiroga (UVAC) —gracias a una sobrina suya que es chef en esa institución—, este fin de semana don Jesús es parte del sabor de Morelia en Boca, donde ofrece su famosa nieve de limón con vino tinto o con mezcal, una combinación que ha conquistado a los visitantes.

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“Aquí les doy la nieve de limón y ellos le ponen el toque del vino o del mezcalito”, dice entre risas. “Ya ves, uno no deja de aprender cosas nuevas”.

Más allá del evento, su carrito representa una historia de familia, esfuerzo y amor por lo hecho a mano. “Mientras tenga fuerzas, seguiré vendiendo nieve, porque esto no es solo un trabajo, es mi vida”, afirma don Jesús, con una sonrisa tan genuina como el sabor que ha pasado de generación en generación.