Editorial | MICHOACÁN, EL INFORME

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MICHOACÁN | EL INFORME

Como debe ser, cada cual, en su lugar, de manera austera y republicana, con discursos mayoritariamente lineales, algunos esbozados, pretendiendo ser grises, entre el blanco y el negro, bajo la bandera de los usuales colores partidistas, aunque más de no más pálidos que nada, podríamos decir que así fue el cuarto informe de Gobierno.

Al final del evento congresista, todo quedó tal como estaba políticamente previsto, sin sorpresas, tal vez unos tres tonos no exactamente esperados que se fueron a lo extremos de halagos por halagar, sin demasiados sustentos, si acaso el énfasis de la voz, sobre todo de varios de los anfitriones que enarbolaban mensajes con breves sentidos de realidad.

Si, fue un encuentro interesante entre lo amorfo y asentado del poder del Legislativo y la estoicidad, aderezado con un cúmulo de dejos de autosuficiencia, de su par del Ejecutivo, bajo la endeble lupa del invitado pasivo de un imberbe Judicial. Un encuentro, en un evento en el cual los discursos no parecían una contienda partidista, sino más bien ideológica.

Una lucha ideológica en donde se evidenciaba ese blanco y negro, esos claroscuros. entre los izquierdistas soberbios y unos conservadores todavía arrastrando la estocada de la derrota, heridos, pero tratando de zanjar la dignidad pisoteada en tiempos electorales, cada quien, quienes, en su papel, con los inevitables grises, más de los primeros que de los segundos,

Más allá de las disertaciones en la tribuna congresista, del lucimiento, de esos momentos con una teatralidad, a veces rústica, a veces cuasi convincente, quedaron puntualizados lo blanco y negro del Ejecutivo, sin relegar los grises. ¿Lo blanco?, el milagro financiero, la histórica inversión en infraestructura y el rescate educativo…; ¿lo negro?, la seguridad, el gran pendiente…