Morelia, Mich. | Agencia ACG.- En el Centro de Morelia, entre la prisa de los transeúntes y el bullicio de los comercios, aparece don Carlos Villanueva Valencia, un hombre de 78 años que lleva medio siglo dedicado a elaborar arcos de caña de bambú.“Es mi trabajo, así me he mantenido”, dice mientras acomoda algunos de los arcos que él mismo fabrica a mano, con la misma paciencia con la que un día aprendió a tensar la cuerda y lanzar flechas. Con la precisión que exige la arquería, don Carlos prepara semana tras semana su producción: “Hago ocho arcos pequeños y cuatro grandes; también preparo las flechas, las pinto, les pongo las plumas naturales. Tiene su detalle, es un despapaye”, explica.
El gusto por este oficio no es casual. Durante su juventud practicó la arquería y participó en competencias. “Me apasionó, yo fui arquero, tenía buena puntería… me quedé con las ganas de llegar más lejos, pero lo disfruté mucho”, recuerda. Esa experiencia lo llevó a mantener el vínculo con el arco, aunque ahora desde la fabricación. “Si me divierte, me cae bien”, afirma.
Los arcos que produce los vende en 150 pesos el pequeño y en 500 pesos el grande, y aunque su presencia es habitual en las calles del centro histórico de Morelia, también los ha llevado a distintas ciudades del país, como Cuernavaca, Taxco, Acapulco, Uruapan o Pátzcuaro.
“He andado por casi toda la República, es mi trabajo y me divierte”, cuenta don Carlos, convencido de que, más que un oficio, lo suyo ha sido siempre un modo de vida.






