Dulces sueños, al aire libre, sin cortapisas…

Imágen Félix Madrigal

Texto Félix Madrigal/ACG

Morelia, Michoacán. – En el corazón de Morelia, las bancas de la Plaza de Armas no solo son testigos del ir y venir de turistas y locales; también se han convertido en refugio temporal para quienes buscan un respiro. Día tras día, es común encontrar a personas recostadas, descansando bajo la sombra de los árboles o el cobijo del atardecer.

Los motivos son tan variados como las historias que se esconden tras cada mirada cerrada: algunos descansan tras largas jornadas laborales, otros buscan un momento de paz en medio del ruido urbano, y hay quienes, lamentablemente, no tienen un hogar al cual regresar.

Para unos, es solo una siesta antes de continuar el día; para otros, es el único lugar donde pueden entregarse al sueño sin ser interrumpidos. Entre las campanadas de la Catedral y el murmullo constante de la ciudad, las bancas de la plaza se convierten en pequeños altares de descanso, donde el tiempo parece detenerse por unos instantes.

La escena, tan cotidiana como invisible para muchos, un lugar donde el descanso —voluntario o forzado— se da a la vista de todos, y donde el sueño, sea breve o profundo, se convierte en un acto de resistencia y humanidad.