Acaso todas las críticas a las servidoras públicas ¿son violencia política? | Araceli Gutiérrez Cortés

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Acaso todas las críticas a las servidoras públicas ¿son violencia política?

Araceli Gutiérrez Cortés

En las últimas semanas conocimos casos en los que un par de periodistas y una influencer, fueron sancionadas por cuestionar el actuar de algunas servidoras públicas de alto rango. Por señalar en un caso presuntos vínculos de poder al que pertenece una diputada en su entidad; en algún otro, por señalarse el uso incorrecto de bienes del estado o también, por cuestionarse la forma en la que han llegado a los cargos.

La Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género, surgió en un contexto de clara desventaja para las mujeres, desventajas históricas, económicas, sociales, políticas y hasta culturales; donde se ha asumido que las mujeres deben estar al frente del cuidado del hogar y de los hijos como una prioridad. Por eso, a partir del 2014 cuando se obligó a los partidos políticos a postular el 50% de candidaturas mujeres, se pusieron en evidencia formas de hacer política violentas y misóginas.

Conocimos muchos casos en los que pusieron como candidatas a esposas, hijas o hermanas para seguir teniendo control de las posiciones políticas. También conocimos casos en los que una vez que llegaban al cargo las hacían renunciar, o no las dejaban ejercer el cargo poniendo un sin fin de obstáculos, limitando su salario y atribuciones, cuestionando su capacidad o falta de experiencia, y en muchos otros casos, manteniéndolas subordinadas.

Los alcances en la regulación de ese tipo de violencia fueron muy importantes en los últimos diez años. Pero también, nos hemos encontrado con situaciones en las que se desvirtúa esa figura con consecuencia de abusos e interpretaciones equivocadas. Recientemente me preguntaron si ¿todas las críticas a las servidoras públicas son Violencia Política? La respuesta es no.

Una diputada, presidenta, senadora, gobernadora y funcionaria de cualquier tipo SÍ puede ser sujeta a críticas sin que esto constituya Violencia Política, siempre que sean críticas a su desempeño como servidora pública o a la inviabilidad de sus propuestas o bien a la ineficiencia de su trabajo por la mala toma de decisiones. Pero si las críticas son en torno a la forma en la que se viste, a la pareja que tiene, a su apariencia física en general, o a su condición expresa de ser mujer, entonces si podemos rayar en la violencia política.

No es lo mismo decir, “esa presidenta no impulsó políticas públicas adecuadas porque…”, “la diputada nunca presentó una iniciativa viable ya que…”, o bien, “la gobernadora no rinde cuentas, hace mal uso de los recursos públicos, etc.” Evidentemente, las críticas van a su desempeño en el cargo. Pero si las expresiones son: “Está en ese cargo porque la puso su pareja, no porque tenga capacidad”, “con esos escotes quien la va a respetar, solo quiere que la vean”, “las mujeres no saben de política, que se regrese a su casa a cuidar a sus hijos”, etc. Esos comentarios, sí constituyen formas de violencia, porque se busca demeritar su trabajo por situaciones que no son objetivas, sino más personales, subjetivas o discriminatorias.

Su peinado, su pareja o estado civil, su sexualidad, su forma de vestir, quién cuida a sus hijos o si están bien cuidados o no, no deben ser elementos para evaluar el desempeño de una servidora pública. Los elementos deben ser la efectividad en el desempeño de sus atribuciones o el cumplimiento de los principios que rigen el cargo que ostenta. La evaluación objetiva del trabajo aplica para hombres, mujeres y cualquier persona en general.