Historia, la alquimia escénica de Johanna

Imagen Félix Madrigal/ACG

Félix Madrigal/ACG

Morelia, Mich..- En un rincón de Michoacán donde las montañas respiran neblina y las calles guardan historias de lucha, nació una estrella que nunca aceptó quedarse en silencio. Johanna Mattel, es mucho más que una artista: es fuego, es movimiento, es transformación.

Desde Ciudad Hidalgo, Johanna fue trenzando sus pasiones en un solo cuerpo: la danza, la cocina, el código, el drag. Licenciada en Danza por la Escuela Popular de Bellas Artes de la UMSNH, dirigió una compañía escénica durante siete años en su ciudad natal, cultivando una disciplina que hoy le permite habitar el performance como un ritual profundo.

“Me gustaría incursionar en todas las artes”, dice con una mirada que no pide permiso, que se expande sin miedo. Sabe que el arte no siempre cabe en los márgenes tradicionales. Y por eso, se desborda. Porque salirse del molde no es opción: es destino.

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Su historia con el ballroom y el voguing comenzó hace tiempo, en pasarelas latinas donde cada paso es también una declaración política. Fue parte de la Casa Milan. Pero buscaba algo más cercano, más suyo. Un taller en la Ciudad de México la llevó a encontrarse —y fundirse— con la Casa Mattel, presente en Colombia, Brasil, Estados Unidos y México. Hoy, Johanna es su madre en nuestro país. Una madre drag, una guía, una creadora de universos.

“Las personas podemos fluir sin necesidad de definir algo”, afirma con la calma de quien ya hizo las paces con su ser. Cambiar de nombre fue más que una transición: fue un acto de renacer. Johanna es ahora la piel que baila, el cuerpo que brilla con fuerza en cada escenario. “Ya me siento tranquila, confiada… Johanna tiene más poder para hacer los performance”, asegura, y basta verla en acción para entenderlo.

Porque donde ella se presenta, no hay indiferencia. Hay aplausos, hay emoción, hay respeto. “Siempre nos han tratado increíblemente bien a donde quiera que vamos”, dice, y se nota. La Casa Mattel no solo pisa fuerte: conquista corazones.