Muñecas Marías o Lele, las otras desaparecidas…

Imagen Félix Madrigal/ACG

Félix Madrigal/ACG

Morelia, Mich..- En las calles del centro histórico de Morelia, las tradicionales muñecas de trapo conocidas como “Marías” o “Lele” han comenzado a desaparecer.

Esas coloridas artesanías, que durante años han sido símbolo de la cultura popular mexicana, ya no se ven con la misma frecuencia. Las mujeres indígenas que las elaboran y venden enfrentan crecientes restricciones para ofrecer sus productos en el primer cuadro de la ciudad.

Las artesanas no son originarias de Morelia; provienen de diferentes comunidades o pueblos de Michoacán. A diario se trasladan a la capital estatal, invirtiendo en transporte y comida, con la esperanza de vender sus piezas hechas a mano. Sin embargo, muchas veces regresan con pocas ganancias.

La razón principal: no se les permite vender en el centro histórico si no cuentan con un permiso oficial. En caso de desobedecer esta norma, las autoridades no solo las desalojan, sino que en ocasiones les decomisan su mercancía en donde las y los comerciantes tienen que esconderse.

«Solo quiero vender lo que hago. Antes sí se vendía más con los turistas que pasan por la plaza, la gente se acercaba, pero ahora solo compran en tiendas. Yo no quiero molestar a nadie, solo necesito un espacio donde pueda trabajar y no estar escondiendome o con miedo a que me quiten mis cosas». Refirió una vendedora ambulante que pidió ser anónima por temor a represalias

Esta situación afecta a todo el comercio ambulante sin autorización, pero en el caso de las muñecas “Marías” el impacto es doble, pues también se está perdiendo una tradición. Las muñecas que aún se venden en algunos locales del centro suelen ser de producción masiva, lo que desvaloriza el trabajo artesanal de las mujeres indígenas que las elaboran con técnicas heredadas y materiales tradicionales.

Durante temporadas altas, como vacaciones o festividades, las ventas de artesanías tienden a aumentar gracias al turismo. No obstante, el resto del año la situación se complica, y sobrevivir de esta actividad se vuelve un desafío diario para quienes vienen de comunidades rurales.