Morelia, Mich. | Acueducto Noticias.- La mañana estaba marcada por el resonar de los cohetones y campanadas que vibraban hasta el piso, el Santuario Guadalupano concentraba gran cantidad de creyentes, se conmemoran 493 años de la aparición de la Virgen de Guadalupe, y la Calzada Fray Antonio de San Miguel no dejaba de recibir a los peregrinos desde la noche del día anterior.

El ambiente era frío, acompañado del humo de los carritos de tamales, pero también de las bocanadas de los presentes, abrigados hasta los dientes, otros más, como si fuera parte de su manda, reacios ante el clima caminaban o hincaban con ropa ligera.
En el pequeño por fuera, pero majestuosamente colosal por dentro, el ahora Santuario de Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe no se daba abasto ante la multitud, que, de pie, avanzaba para recibir las bendiciones a sus figuras o a su persona.

Una orquesta llegaba, detrás de ella, una procesión a marcha pesada, por montones, ingresaron al Templo, aún a desbordarse, fueron consumidos por las grandes puertas de madera que custodian la entrada. Las Mañanitas eran entonadas por los tambores y los instrumentos de aire, que entre nota y nota, las voces los secundaban.
Detrás de la Rectoría del Santuario, fruta para quienes lo necesiten, pero también centenares de flores, y qué decir de las coronas, almacenadas a un lado de este, interminables; se escuchaba en el fondo a un niño decir: “¿En dónde meterán todas?”, “Las van a tirar”, le respondía un adulto.

Mandas, en familia, vestidos como inditos, algunos más solitarios, otros a gatas. Los árboles que cubren la Calzada Fray Antonio De San Miguel observaban a quienes pagaban el milagro de la Madre de todos los mexicanos, que arrodillados, en sumisión, le rendían cuentas.





