Morelia, Mich. | Carolina Nambo/Acueducto Noticias.- María Elba Ávila, una mujer que a pesar de contar con 76 años, siente el deseo de seguir participando en maratones atléticos como lo hacía de joven.
“Llegué a ir a los Panamericanos, cuando era estudiante en los años sesenta, desde niña me gustaba correr, pero a partir de los 12 años lo hice de manera más profesional y llegué a ganar dos medallas”.
Al pasar del tiempo este deporte se convirtió en uno de sus favoritos, llevándola a ser parte de algunas competencias.
Las secuelas del COVID
Después de la pandemia su vida cambió drásticamente, un día cualquiera al despertar, se dio cuenta que su vista era muy borrosa, pensó que era solo por un momento y que, lavando su rostro, sus ojos estarían bien.
“De la noche a la mañana ya no pude ver bien”.
Transcurrían los días, las semanas y los meses, hasta que comprendió que debido al contagio de Covid 19, había perdido la visión.
Lo que lamentó pues siempre fue una mujer independiente, sin tener que necesitar el apoyo de otras personas, para realizar sus ocupaciones.
Al darse cuenta que ya no podía ver y, que no era posible operarse, dejó de salir, de practicar para los maratones, algo que le causó una gran tristeza.

“Deje de salir cuando empezaba a oscurecer por el miedo de caerme, ya no me registre para las competencias que hacen desde la Catedral hasta el Venustiano.
Recuerda que antes de eso tenía una excelente visión, de toda su familia, que está conformada por nueve hermanos, ella era la única que no utilizaba lentes.
“Después de que me dio Covid, un día vi por la ventana a una vecina, pero la reconocí solo por la forma de su peinado, lo único que percibía era su sombra su rostro no lo distinguía claramente”.
Al no contar con el recurso económico, para poder solventar el gasto de una cirugía, que salía alrededor de veinticuatro mil o treinta cinco mil pesos, más los estudios y lentes que requería después de la operación.
Se resignó, aceptó que ya jamás podría volver a ver cómo antes.
Sabía que debido a tener diabetes la situación se complicaba aún más, era sumamente riesgoso someterse a una intervención y al no contar con dinero, para poder acudir con especialistas.
La única opción que le quedaba era aceptar vivir con esa discapacidad.
“Con el problema de mi glucosa y por ser hipertensa lo veía imposible”.
La cirugía
Al darse cuenta que estaba la campaña gratuita para la eliminación de las cataratas, decidió acudir al DIF, para pedir informes y obtener una ficha.
“Escuché en la radio sobre lo de la campaña y fui a ver qué era lo que necesitaba, para que los especialistas me evaluaran”.
El proceso no se le hizo complicado, porque estaba siendo tratada por excelentes médicos, fue sometida a todas la pruebas y estudios necesarios, por lo que fue intervenida el día 28 de julio.
“Me siento a gusto, feliz y agradecida porque ya me atrevo a volver a salir, ya no vivo con el miedo de tropezarme con algo, salgo con más confianza, porque no me gusta depender de nadie, me gusta valerme por mi misma como antes y lo voy a lograr”.





