Crónica | Un abrazo cultural en el tianguis de Occidente

(Imagen: Carlos Tapia)

Morelia. Mich. | Acueducto Noticias/ Carlos Tapia.- En punto de las 11:30 y bajo nubes negras desnsas, la ciudad de Zamora, nos recibia junto con el «Tianguis Artesanal de Occidente» que se desplegaba a lo largo de la calzada Zamora-Jacona a las 11:30. Los puestos, como cuentos por desvelar, comenzaban a tomar vida. Desde el pan tradicional de Tingüindin hasta las ollitas y platos de barro de Naranja en Zacapu, una paleta de colores y texturas emergía, pintando un cuadro mágico de la tradición michoacana.

Caminando por los pasillos, las artesanías de Tzintzunzan se alzaban como guardianes de la cultura, con alcancías y vajillas que narraban historias moldeadas en nueve tipos de arcilla. Capula, por su parte, esculpía platos con forma de corazón, una muestra palpable de que cada creación llevaba consigo el latir de mucho corazón.

El puesto de doña Udelia, oriunda de Santa Clara del Cobre, trascendía las fronteras del cobre, extendiéndose como la oja de maíz que cambia la forma de ver ese municipio, en sus obras. Desde plantas hasta diseños navideños, su familia tejía arte que elevaba el nacimiento de Cristo a través de formas únicas y relucientes.

Entre melodías que se escuchaban en el aire, Willian Sax, artífice de instrumentos de bambú, acordes tocaba melodías resonaban en el alma del tianguis. Y es que no solo demostraba su arte a través de la música sino que enseñaba, revelando el talento musical que Michoacán guardaba en sus rincones.

En este crisol de color y folclore, el tianguis se convertía en más que un evento cultural; era un lazo que unía a Zamora con municipios lejanos, trascendiendo estirpes y abrazando la diversidad de culturas que convergían en un rincón de Michoacán. Un día donde la magia y el respeto se entrelazaban, transformando cada puesto en un testimonio viviente de la riqueza artística y tradicional que pulsa en el corazón del estado.