Narciso, cautivo en el lago de Pátzcuaro

(Imágenes: Zayda Solís)

Morelia, Mich. | Acueducto Noticias/ Zayda Solís.- En torno al lago de Pátzcuaro y la Isla de Janitzio los personajes de la vida cotidiana han ido construyendo y sobreviviendo a las circunstancias.


Narciso Encarnación, 73 años de edad, nació en la isla de Janitzio. Desde su infancia comenzó a trabajar, al ser el hermano mayor le tocó ayudar a cubrir los gastos en el hogar. Recuerda como a los siete años aprendió de su padre el oficio de pescador.


Con nostalgia recuerda como hace cincuenta años el lago de Pátzcuaro era rico en peces, “aquí encontrabas carpas, mojarras. Íbamos a la Isla Tecuena a pescar charal”. Hoy se han extinguido el pescado blanco, la trucha y el achoque.


Anteriormente los pescadores iban por la noche al lago, junto a su padre salían a pescar desde las 9 de la noche hasta las 6 de la mañana “luego a las 8 de la mañana tenía que ir a la escuela, era imposible no caerse de sueño” por esta situación el Narciso no continuó estudiando, por su horario de trabajo y la poca comprensión de los profesores en aquella época. No aprendió a leer y escribir.


El señor Narciso tuvo cuatro hijas y un hijo, por su numerosa descendencia tuvo que buscar alternativas para sobrevivir. Desde hace treinta años se desempeña como conductor de una embarcación que todos los días lleva y trae pasajeros desde el muelle en Pátzcuaro hacia la isla de Janitzio.


A pesar de no contar con una preparación educativa, él es muy hábil, ha recibido diferentes cursos por parte de ingenieros navales provenientes de Lázaro Cárdenas, quienes les han instruido en las partes y funciones de las embarcaciones.


Aunque es una persona capacitada para llevar una embarcación, recibe un sueldo muy bajo que apenas le alcanza para sobrevivir. En sus treinta años como conductor ha visto a miles de viajeros, algunos muy amables y otros suelen tener actitudes hostiles.


Inclusive, hay viajeros que se llegan a molestar cuando el señor Narciso les da alguna indicación de como permanecer y mantener su seguridad durante el trayecto en la embarcación, que erróneamente los turistas llaman “lanchas”.


Con tristeza el señor Narciso menciona que quizá en dos años ya se vaya a descansar. Le gustaría regresar a pescar, pero el lago ya no tiene tantos peces como antaño. Pensar en buscar otro trabajo le resulta preocupante porque como él menciona: a las personas de su edad “nadie las ocupa”.