Morelia, Mich.| Acueducto Noticias/ Zayda Solís.- Es otoño y los colores de la flor de cempasúchil decoran los altares de muertos y las lápidas en los panteones.
Alrededor del Panteón Municipal de Morelia hay un abanico de comerciantes que venden lo necesario para decorar las lápidas de los fieles difuntos así como comida y demás souvenirs propios de esta época del año.
Dentro del panteón municipal llama la atención que en la entrada principal donde regularme se reúnen los gatos a tomar la siesta; en estas fechas se encuentran un gran número de hombres y mujeres que son conocidos como «Boteros», ellos venden su fuerza de trabajo, te ofrecen acarrear el agua, llevarte las flores, limpiar las lápidas. Estas personas llevan escobas, picos, recogedores, palas y botes. No se sabe desde hace cuántos años tienen la tradición de ir al panteón para ofrecer sus servicios de limpieza en el panteón, aprovechan el 1 y 2 de noviembre para ganarse unos pesos.

En una banca cercana a la entrada estaban tres señoras, dispuestas para desayunar, aunque eran más de las 12 del día. Había llegado desde las 7 AM al panteón municipal porque ellas se dedican la mayor parte del año a trabajar limpiando las lápidas. Cómo después comentaron a esta redacción, ellas no son parte de la plantilla de trabajadores de la limpieza del municipio de Morelia, tampoco son boteras. Son señoras que trabajan limpiando todos los días del año en el panteón, se llevan a sus casas el poco dinero que los visitantes les dan por limpiar las lápidas y tumbas.

La mayor de las mujeres, fue quien nos compartió su historia. Consuelo Medina Villalobos, de 78 años. Originaria de Chucandiro. Llegó cuando era una niña a la ciudad de Morelia junto con su madre que recién había quedado viuda. De cariño le dicen «Doña Cuquita». Esta mujer alegre, de rostro ajado por el paso de los años nos compartió su vida como mujer trabajadora desde la infancia, así como una situación paranormal que vivió dentro del panteón en el cual lleva más de 20 años trabajando. Ha pasado tanto tiempo que ya no recuerda con exactitud en que año inicio a trabajar.
«Nosotras venimos todos los días, llueve o truene, nosotras aquí andamos». De hecho, las mujeres mostraron su inconformidad de que los Boteros solo van a trabajar los días 1 y 2 de noviembre, quitándoles el trabajo, porque ellas cobran $200.00 por limpiar cada tumba, cuando los boteros solo piden unas monedas por acarrear agua.

El trabajo que ellas hacen por $200.00 incluye: «quitar la basura de las lápidas, lavarlas , quitar el monte, quitar las velas, dejar todo linpio para que cuando venga la gente el agua en sus floreros esté clarita».
En estos años de trabajo entre las tumbas, le han tomado cariño a los gatos que viven en el panteón. Especialmente «dos (gatas) amarillas, andan atrás de uno, son como los perritos. Cuando nos paramos a descansar también les damos de comer».
La señora Consuelo, no encuentra difícil su trabajo. «Hay gente que nos paga por limpiar las tumbas cada mes, y aquí andamos». «Nos gusta andar trabajando, caminando aquí».
Sobre el horario de trabajo, «aquí somos libres, no tenemos horario de trabajo, entramos a las 7am, por muy tarde a la 1 de la tarde ya estamos afuera. Trabajamos por nuestra cuenta, no hay un horario fijo».
A pesar de que no tienen un salario fijo, Doña Consuelo asegura sentirse mejor en el panteón que en su casa «estoy más a gusto aquí, que en mi casa». Aunque eso sí, han tenido días en que no se llevan nada de dinero a casa.
Sobre eventos paranormales, Doña Cuquita recordó una ocasión en especial «yo estaba haciendo (limpiando) mi lápida que tenía de encargo». De pronto vio que en una lápida cercana estaba una señora, a lo que ella le dijo «¿gusta que le limpiemos su lápida?, la mujer dijo, no». «Ahí quedó. Dije, bueno pues». Pasaron los días y luego vio a un señor en la misma lápida, entonces doña Consuelo le dijo «la otra vez había una mujer aquí. El señor me enseñó una foto de la mujer». Doña Cuquita había visto una persona fallecida «resulta, que yo hablé con la difuntita, fue como hablar con cualquier persona. El señor se asustó y yo le dije «¿Para qué se asusta si la mujer fue su esposa?, ¿Apoco le tiene miedo?». «A mí no me dió miedo».

Cuando le preguntamos sobre su juventud, doña Consuelo dijo que siempre fue una mujer trabajadora. Por años trabajó «despatando fresas en una fábrica que estaba aquí en una esquina del panteón».
Actualmente, a pesar de la edad, doña Consuelo prefiere trabajar porque se aburre en su casa «estuve enferma de un pie, duré como un mes en casa pero me aburría».
El poco dinero que se lleva a casa apenas le alcanza «de aquí tiene que salir para la papa». Trabajando entre las tumbas no hay días buenos, lo máximo que se lleva a casa son $300.00. «No crea usted que una aquí se lleva los miles (de pesos)».

A pesar de llevar tantos años de su vida trabajando en el panteón municipal de Morelia, dijo que no le gustaría que la entierren ahí cuando muera. «No, aquí no. Yo digo que no». «Aquí descansa un hijo mío, mi mamá está aquí. No me gustaría, yo prefiero que me quemen para que me lleven al mar».
Con la voz cortada doña Consuelo nos compartió sus años de juventud viajando por Tijuana, Veracruz, lo mucho que disfrutó estar en Las Gatas (una playa en Zihuatanejo). «Me gusta el mar, en mi juventud anduve mucho. Al mar me gustaría que me lleven». «Yo no quiero quedar aquí». «Uno dice, pero son los hijos los que van a decidir a dónde va a quedar una».





