Eyeri, el tatuador de Sangre Rosa

Imagen especial
  • Él, dice, tatuaría a Van Gogh en tinta negra

Morelia, Mich. | Acueducto Noticias / Irene Valdivia.- Sebastian Eyeri García es un tatuador de 39 años, originario de La Piedad, Michoacán, que lleva viviendo 20 años en Morelia, por lo que se asume como moreliano.

Se describe a sí mismo como un hombre trans e “hijo criado por más de una mamá”, pues su madre falleció durante su infancia temprana, pasando su crianza al cargo de sus tías. 

Imagen Irene Valdivia/Acueducto Noticias

Inició la carrera en Arquitectura, de la cual desertó para dedicarse a las ventas desde el sector ferretero desde el inicio de su vida adulta, lo cual le dio un trabajo que implicaba conducir constantemente en carretera.

Encontró su vocación en el arte corporal del tatuaje durante la pandemia, como un interés que desarrolló desde el enclaustro de esta temporada, que le permitió explorar este oficio y prepararse con diferentes cursos, practicando con una máquina sobre limones, y eventualmente en amigos que le confiaron su piel para practicar.

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“Al principio como tatuador no puedes cobrar porque no tienes mucho que ofrecer, pero es lo justo porque las personas te permiten practicar, y así aprender qué tan profundo usar la aguja, cómo hacer los trazos, cómo saturar color”.

Eyeri retribuye esta empatía de sus primeros clientes como una forma de trabajo, y distingue su servicio por la atención sensible que brinda a quienes acuden con él.

“Para mí mi cliente no es un lienzo, es primordial que la persona esté cómoda. Ella (la clienta) no me dejará mentir, desde que llegó le dije ‘pon tu música’, y aunque me preguntó qué quería escuchar yo, para mí lo importante era que ella pusiera su música porque ella es la que sentirá el dolor”.

Para mí, añade inmediatamente, el servicio es justo eso, que la persona pueda tomarse una chela, comer algo, escuchar su música. Tengo la empatía con la gente que viene, porque trato de hacer un espacio muy incluyente”

Y profundizando en poder construir un espacio seguro, Eyeri también anuncia orgulloso que su lugar no es sólo un lugar seguro para sus clientes, sino para cualquier persona que se sienta en vulnerabilidad, y que él mismo ha anunciado que pueden recurrir a su espacio a refugiarse si necesitan ese auxilio.

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Como una gran satisfacción, Eyeri presume que ha alcanzado un público perteneciente a un amplio rango de edades, desde los adolescentes que asisten por un tatuaje acompañados de sus padres, como personas de la tercera edad, entre los sesenta y setenta años, que acuden a él por su primer tatuaje.

Él atribuye esta confianza depositada en él a su abierta postura empática hacia todos sus clientes.

“Trato de ser muy empático con las personas. No siempre me funciona, no siempre me sale bien, no somos perfectos, pero, y creo que eso viene un poquito a raíz de mi transición, trato de ponerme en la situación de la otra persona. Y no solamente en cuestiones LGBT, ¿No? O sea, está la comunidad, sorda, está la comunidad ciega, hay un montón de comunidades que no estamos viendo y que dejamos de ser empáticos con esas personas. Creo que eso me he humanizado un poquito más.”

El estudio del artista, llamado Sangre Rosa y que es compartido con su ferretería, también oferta sus obras plásticas, que se ven inevitablemente reflejadas por el arte corporal de su interés.

“Me mueve hacer color porque pinto, pinto macetas, y no siempre son valoradas como la artesanía en general no es valorada en México. Mi arte está inspirado en muchas cosas, tengo cosas con anime, tengo cosas con arte Maorí.”

Al respecto de su obra, tanto plástica como corporal, Eyeri desea seguir ampliando su portafolio. Actualmente, no cubre técnicas como el realismo, pues no son de su inmediato interés y técnicamente prefiere ofrecer y desarrollar otras áreas, como el color abundante, y desea seguirse retando desde ahí.

“Me piden muchísimo tatuar los girasoles de Van Gogh. En un utópico, si pudiera tatuar a cualquier persona viva o muerta, tatuaría a Van Gogh. Y le haría un tatuaje sólo a tinta negra, porque tatuar a un artista que usa tanto color sólo con negro sería mi declaración que el arte a una sola tinta es igual de hermoso y complejo que el arte a color”