Morelia, Mich. | Acueducto Online/ Jaqueline Espinoza.- El joven de 24 años de edad se divide entre su trabajo de ser profesor de música en la Secretaría de Cultura y salir todos los días a tocar en las calles del Centro Histórico.
Suriel Arellano López es un hombre soñador que desde los 6 años comenzó a tocar el violín, dedico mucho de su tiempo y de su esfuerzo para aprender lo más que pudiera y ser cada día mejor, mencionando también que en el transcurso aprendió de igual manera a tocar guitarra y piano.
Con un look desenfadado, Suriel cuenta que el amor por la música los trae en las venas desde temprana edad y sus padres lo apoyaron metiéndolo a clases.
Aunque con pulseras de estoperoles, cabello largo teñido de azul, playeras con logos de rock y botas negras se le ve, él no le hace el feo a la música clásica.

Relajado y abierto a dialogar con las personas se le ve moviendo los dedos con una agilidad tremenda para tocar las melodías que provocarán que la gente le de una moneda.
«De manera callejera empecé más o menos en julio de este año, más que nada porque empecé a tener problemas económicos y no encontraba algún nuevo trabajo, porque yo trabajo como maestro pero necesitaba solventar algunos gastos que me salieron de imprevisto y me vine a tocar de forma callejera, me empezó a ir bien y aquí me quedé» dijo el rockero de corazón.
Sus padres eran integrantes del coro de la iglesia, por lo que él también tuvo su paso en dicho coro y desde los 7 años es parte de la orquesta infantil y juvenil del Estado de Morelos.
El originario del municipio de Morelos en el Estado de México, emprendió su búsqueda de convertirse en un gran músico viniendo a Morelia a estudiar en la ENES, pues en su lugar de origen no había las mismas posibilidades, para él, de crecer de manera artística.

«Me han tratado bastante bien, por eso sigo aquí porque si me ha tocado que sí apoyan y que se quedan apoyando y escuchando, trato de demostrar que soy versátil, que puedo tocar de diferentes cosas, tanto clásica, como pop, rock, electrónica, el que más me gusta sería el rock clásico».
Al lado del joven en su estuche para guardar el violín se observan monedas desde 2 hasta 10 pesos y a unos centímetros una pequeña bocina en la que pone ritmos o melodías que le dan la pauta para tocar.
Gente pasa, algunas voltean a verlo, otras se detienen a contemplar y unas más ponen monedas en aquel estuche negro abierto de par en par.
Sus alumnos son de entre 6 y 17 años, a estos él les inculca el amor al instrumento ya que el violín es uno de los que denotan más elegancia y su sonido es diferenciador a todos los demás.
«La disfruto, cada que estoy tocando lo disfruto, el momento en el que estoy, me gusta transmitir eso y que la gente también lo disfrute» puntualizó Suriel.
Entre los portales, la cantera y el pasar de personas y coches, la melodía llama a los habitantes a observar de dónde viene la música y es así como se topan con el violinista rockero de la ciudad.






