Morelia. | Mich. Carolina Nambo /Acueducto Online.- Han pasado 49 años de la desaparición forzada de siete integrantes de la familia Guzmán Cruz, originarios de la comunidad de Tarejero, municipio de Zacapu. Familiares del señor Abdallán Guzmán Cruz, quién durante por décadas ha exigido justicia, para sus cuatro hermanos, su padre y dos primos hermanos.
Habla con nostalgia del suceso, “Corría el año de 1974 en el mes de julio, cuando estaba en su apogeo el movimiento guerrillero, mi hermano mayor Amafer y un servidor pertenecíamos al Movimiento y Asociación Revolucionaria… A él lo detuvieron el 16 de julio del 74, pero nosotros no sabíamos que lo habían detenido. La federal de seguridad, el ejército, la policía secreta de aquí de Michoacán y la municipal, llegaron el día 19 a la comunidad indígena de Tarejero de donde somos originarios” recuerda.
Los años van pasando, pero Abdallán sigue recordando con gran tristeza ese día, cuenta con gran dolor como los policías y el ejercito destrozaron la puerta de su vivienda y al entrar les hicieron daño a sus familiares.

“Golpearon, torturaron ferozmente a mi papá, a mi mamá y a mis hermanos menores, sobre todo a Solorio y a Venustiano (…). Fue el 19 desde las 7:00 de la tarde que llegaron, cerca de las tres o cuatro de la mañana, se llevaron a mi papá”.
No imaginaba que la verdadera tortura de su familia estaba comenzando. Su padre logró volver a la mañana siguiente, después de que lo había abandonado cerca de un arroyo.
“Y al otro día van y otra vez las torturas y otra vez los golpes, las palabras mal sonantes y así sucede el diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés hasta el veinticuatro que ya no los sueltan, se lo traen a Morelia, a todos los llevaron ahí (…)”. Estando ya en la zona militar, vuelven a ser torturados cruelmente, para después llevarlos al campo militar de la zona numero uno”.
“A mí también me toco la suerte de que estoy vivo…”
Habla sobre la lucha que vivió su madre a lado de una de una de sus hermanas, para buscar a su padre y hermanos. Para ella fue sumamente difícil, al no saber leer, ni escribir y sin conocer a nadie ya que nuca había salido de la comunidad indígena.
Era difícil hablar del gobierno en ese tiempo explicaba; todo aquel que llegaba a opinar sobre quienes estaban en el poder, era detenido. Su mamá fue encarcelada en una ocasión. Nadie los escuchaba, hasta que lograron hablar con el secretario de Gobierno en Morelia.
“Mas o menos él les dio una idea, de que mejor se calmaran porque si seguían buscándolos, también a ellos los desaparecían y otros si de plano les dijeron. Si no se calman los vamos a desaparecer”.
Fue y a la fecha sigue siendo una lucha difícil para Abdallán, que tuvo la suerte de seguir libre, esto gracias al Movimiento Armado Guerrillero, del cual era parte en ese entonces.
“Yo en ese momento andaba en el movimiento armado, movimiento guerrillero y cuando andas en el movimiento armado, ya dejaste esa familia, tu familia real, objetiva y ahora tienes otra familia que es la de la revolución”.

Con tan solo 20 años Abdallán, buscaba tener un mejor futuro, viviendo en la casa del estudiante en la ciudad de Morelia. Donde se encontraba, cuando uno de sus hermanos llegó a infórmale de la detención de su padre “Mi hermano Solón me vino avisar (…) y ahí me llegó Solón avisarme que habían detenido a mi papá y que los traían con él de Tarejero a Morelia y que él en Quiroga les dijo: “quiero vomitar” y se escapó, se salió del carro donde lo traían, y yo rápidamente le dije hoy no salgas, yo voy a salir por la parte de arriba”.
Para esos momentos la policía ya se encontraba afuera de la casa nicolaita, pero gracias a que se desato una peque riña entre ellos, Abdallán logro escapar por el techo “me alcance a escapar por la parte de arriba, me baje por Radio Ranchito, que estaba en la contra esquina con la casa nicolaíta en la avenida.
“Y Entonces yo me dediqué a lo mío, era la lucha revolucionaria, cuando yo caí, afortunadamente los muchachos estudiantes, por alguna razón se dieron cuenta que estaba detenido y que era hermano de Amafer, ya que él era el dirigente estudiantil, entonces tomaron la Procu”.
Gracias al movimiento guerrillero de esa época y a la guardia que día y noche los estudiantes montaban afuera de Palacio de Gobierno, fue que Abdallán no fue desaparecido.

“Yo por primera vez conocí los túneles subterráneos que había de la Procu al Palacio de Gobierno y de Palacio de Gobierno a Banamex, yo salí por Banamex, así me vistieron, me subieron a un carro y me llevaron a la 21 zona militar”.
Por todas las acciones que hicieron los jóvenes estudiantes, en radio en los periódicos, luchando día a día para que Abdallán fuera libre, fue que pudo salir con vida.
Con tan solo 15 años, descubrió que quería luchar por la libertad, no asimilaba la idea de ser reprimido, fue entonces cuando decide unirse al Movimiento Armado, movimiento que cinco años después peleo por su libertad.
Su semblante refleja angustia, nostalgia y una gran tristeza se puede ver en su mirada al ir narrando como fue que perdió a su familia… Le gustaría volver a ver a su padre y hermanos, vive con esa esperanza de hacer justicia para su familia.
“Quiero verlos, quiero platicar, imagínate cincuenta años sin verlos…”





