
Morelia/Redacción
El 24 de febrero de 2013, civiles se levantaron en armas y declararon la guerra al grupo criminal de Los Caballeros Templarios, que había sembrado el terror en la entidad y que era catalogado como el más violento del País.
Pero ni ese alzamiento sacudió a la administración del Presidente Enrique Peña Nieto y a nivel estatal las autoridades en turno desestimaron la rebelión.
El 10 de abril de ese año, limoneros acudieron al entronque de Cuatro Caminos, a un evento donde estaría el entonces Secretario de Gobierno, Jesús Reyna, para pedir su auxilio. Los templarios controlaban sus parcelas y empaques, y el sector había caído en una profunda crisis.
A su regreso, fueron emboscados aún y cuando la Policía Federal los escoltaba, con saldo de una decena de muertos, todos civiles que laboraban en el corte del limón. Todos acribillados con armas de alto poder.
El limón comenzó a escasear a nivel nacional y su precio a dispararse hasta alcanzar ese año casi 80 pesos en algunos centros de venta.
Fue este desabasto y encarecimiento lo que provocó que la Federación volteara a ver qué pasaba en uno de los principales estados productores de limón, cuando ya el narco regulaba la oferta y la demanda.
Y así también con el aguacate, la minería, el comercio y diversas actividades más que habían colapsado ya ante el yugo templario.
En el informe del SNSP, Vizcaíno expuso que la recuperación en la actividad agrícola es otro pulso de que la guerra se está ganando después de dos años y tres meses de iniciada la ofensiva.
«El precio del limón se regularizó. De haber alcanzado casi los 80 pesos en junio de 2014 a 5.53 pesos en mercado de abastos y 20.50 pesos en supermercados en 2015», destacó.




