Morelia, Mich.| Acueducto Online.- El volcán Popocatépetl, ha dejado su huella a lo largo de la historia. Con una antigüedad estimada de 730 mil años, el coloso ha sido objeto de numerosos registros que revelan su constante actividad y eventos significativos.
Antes de la existencia del Centro Nacional de Prevención de Desastres, nuestros antepasados documentaron la actividad volcánica en códices valiosos.
El códice Telleriano-Remensis, una obra pictográfica notable, muestra erupciones del año nahui calli (cuatro casa), correspondiente a 1509. La columna de humo y ceniza ascendió a tal altura que parecía tocar las estrellas del cielo, dejando una impresión que se plasmó en el códice.

Otro códice importante que inmortalizó la actividad volcánica de «Don Goyo» es el Códice Huamantla, donde se representan los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl juntos. En este códice, se observa la presencia de erupciones de fuego y humo, reflejando la naturaleza imponente de estas divinidades.

Además, el códice Zouche-Nuttall retrata al Popocatépetl e Iztaccíhuatl como una pareja de la naturaleza, simbolizando su importancia en la cosmovisión antigua.

El nombre «Popocatépetl» significa «monte que humea», derivado de las palabras náhuatl «popoca» (humear) y «tepetl» (montaña).
Los especialistas han descubierto que originalmente el volcán era conocido como Xalliquéhuac, que significa «Arenales que se levantan», pero con la erupción que ocurrió en aquel momento, su nombre se transformó en lo que conocemos en la actualidad.
En el México prehispánico, el Popocatépetl era considerado una divinidad y estaba asociado con Tláloc, la deidad del agua.





