Morelia, Mich. | Acueducto Online/Cayetano Mac.- El callejón del romance – construido a finales del siglo XIX- es uno de los tantos lugares de interés en el centro de la capital Michoacana, entre los candados y las paredes de cantera rayadas con los nombres e iniciales que ponen las parejas, entre los carteles de no poner candados y no hacer cosas indebidas que ponen los vecinos, tiene ahí en su recorrido, un poema del poeta Michoacano Lucas Ortiz.
“¡Romance de mi ciudad,
bañado con agua zarca,
para endulzarte, en los patios
reventaron las granadas!”
Sus inicios datan del siglo XIX, llamado Callejón de la Bolsa, donde se había instalado una fábrica de jabón y las casas cercanas eran habitadas por sus trabajadores.
“En la iglesia de San Diego
se bautiza la alborada
y por «volo» distribuyen
cantos de paz, las campanas.”
Posteriormente pasó a llamarse el callejón del socialismo.
“Puñados de niebla joven
en camelinas de gasa;
floripondios que vacían
blancuras en la mañana;
sabor hay de gelatinas
por calles recién regadas;
el sol entra en la ciudad,
rodando por la Calzada.”
Fue hasta el 29 de septiembre de 1965 que tomó el nombre por el que se le conoce hoy en día.
“¡Rosa plegaria de piedra
que levanta entre dos plazas
secular clamor del hombre,
trocado en torres ufanas!”
En ese año fue que las paredes y pisos se adornaron con piedra de cantera rosa, se instalaron fuentes y jardineras.
“¡Ay, ciudad de mis recuerdos!
¡Oh, capital michoacana!”
Y fue gracias a “Romance de mi ciudad” la razón por la que ese callejón a unos pasos de la fuente de Las Tarascas, y del Acueducto que ahora todos los conocemos como el del Romance.



Poema completo:
¡Romance de mi ciudad,
bañado con agua zarca,
para endulzarte, en los patios
reventaron las granadas!
En la iglesia de San Diego
se bautiza la alborada
y por «volo» distribuyen
cantos de paz, las campanas.
Puñados de niebla joven
en camelinas de gasa;
floripondios que vacían
blancuras en la mañana;
sabor hay de gelatinas
por calles recién regadas;
el sol entra en la ciudad,
rodando por la Calzada.
Portales donde se esconden
el amor en raya de agua
de papel con filo de oro
y dos palomitas castas,
olor de la fruta de horno
junto a las ollas de horchata,
requiebros del membrillate
a la desnuda cocada.
¡Rosa plegaria de piedra
que levanta entre dos plazas
secular clamor del hombre,
trocado en torres ufanas!
(Contra los ágiles muros,
héroes forjaron la Patria.
Los muros fueron el yunque
y los martillos, las balas).
Plaza de Armas rumorosa
en noches de serenata,
cuando vueltas y más vueltas
dan mis garbosas paisanas,
regando luengos adioses
para envolver al que pasa.
En la miel de los buñuelos
prendida quedo mi infancia
y mi juventud quedóse
de respaldo en una banca,
latiendo en un corazón
grabado con mi navaja,
entre corona de espinas
y flechas atravesadas.
Por el Jardín de las Rosas
todas las rejas son blandas,
porque estudiantes sin libros,
fácilmente las apartan.
La Pila de San José
tiene las huellas grabadas
de labios de normalistas,
que bebieron en sus aguas
querencias de tiempos mozos
y púberes esperanzas.
Se eleva San Agustín
y San Francisco se baja,
los dos esconden la gula
en las mangas de su saya.
Subió la Santa María
a ver la ciudad amada
y en la loma se quedó
para siempre a contemplarla;
cestas de frutas le suben,
en agosto las muchachas.
Añoso bosque de fresnos
donde la virtud naufraga.
El portero celestial
en jardinero se cambia,
el Santo planta los lirios
y Satanás los arranca…
En la plaza de Carrillo
la feria nunca se acaba;
el corazón y la muerte
se enamoran en «las tablas»,
mientras la muerte se ríe,
el corazón se desangra.
Móvil pista de colores,
fijos pegasos de infancia
en que los charros se suben
para aniñarse del alma,
charros de tierra caliente
que su valor aquilatan
perdiendo la vida a locas,
porque en las cuerdas del arpa
vibre un corrido que diga
junto a sus nombres, su fama.
Callecita del Pichel,
por allá en la Soterraña,
tus gallos, gola de iris,
clausuraron sus gargantas,
porque otros gallos implumes
despertaron a las damas.
¡Ay, ciudad de mis recuerdos!
¡Oh, capital michoacana!
¡Si se murieran las rosas,
otras rosas te quedaran;
las rosas de tus mujeres
de belleza no igualada,8
que rezan a San Antonio
y besan en las ventanas!
¡Romance de mi ciudad,
bañado con agua zarca,
para endulzarte, en los patios
reventaron las granadas!





