JAIME OCHOA, EL TRÁGICO DÍA EN QUE ACTÚO EN LA OBRA DON JUAN TENORIO

Imagen/Montserrat Herrera

Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- El pequeño Jaime Ochoa, quien veía la televisión y quedaba asombrado con los espectáculos de baile por lo que soñó, alguna vez, con ser bailarín; aunque ese camino no se cumplió, él cuenta que su andar se acomodó para llegar a lo que es ahora, un actor de teatro.
— ¿Cuál es tu parte favorita de las obras: los ensayos, el entrar a escena…?
— El final de la obra (ríe). — Por supuesto que es muy disfrutable la preparación, es muy importante, sufrido porque es el momento en el que estás encontrándote con el personaje, contigo mismo, ante un nuevo reto, pero eso es, justamente lo padre de ésto…
Jaime, una vez que probó el veneno que provocan los escenarios, no quiso soltarlo jamás; para él, el subirte a la tarima no crea nervios, sino una combinación de sentimientos indescriptibles a los cuales ya es adicto.
“Es una droga, al final de cuentas, por lo cual yo creo que los que nos dedicamos a hacer esto de las artes escénicas, al arte en vivo, es justamente por lo que seguimos, tienes estas descargas y ya no puedes vivir sin ellas”.

— ¿Alguna vez has vivido un momento en donde tu hayas dicho “por esto lo hago”?
— Fíjate que tengo mi vida, más de 30 y tantos años en el Don Juan Tenorio, y ahí viví uno de los momentos más importantes, más significativos de mi vida actoral, yo creo… porque falleció un sobrinito, que era como mi hijo, y yo tenía que dar función… entonces me avisan, yo iba de camino a Sahuayo, y me dicen “pasó esto”… previo a esa función, yo no sé si fue la mejor función, pero dije “esta va por ti”, y fue demasiado significativa… y bueno, ni qué decirte, en un espectáculo multimedia, también, que se montó en la Plaza de San Francisco hace como 32 años, con motivo del 450 aniversario de la ciudad, estábamos ensayando en la madrugada, éramos 150 personas trabajando… un mundo de gente y, el día del estreno, el día 18 de mayo, comienza mi esposa con labor de parto.
En sus palabras, Jaime afirma que el teatro es un trabajo muy celoso, pues lo ha hecho no estar en momentos relevantes en su vida.
“El teatro es celoso, no te deja fiestas, no te deja opción de nada, eres del teatro”.
— ¿Qué le dirías al pequeño Jaime?
— Que lo logramos… no sé si lo logramos, pero nos divertimos mucho. Yo creo que no podría decirle nada, yo creo que él me lo dice a mí todos los días, me dice “órale, qué padre que seguimos en esto”… nunca he querido tirar la toalla porque sería decirle a mi niño interior “ya no quiero estar contigo”, o que mi niño me dijera “te abandono”. Yo creo que seguimos juntos, y no solo mi niño y yo, sino mi adolescente, mi adulto, mi viejito”.