La historia de hoy | Alejandro, el hacedor de guitarras que hablan

Imagen/Montserrat Herrera

Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Paracho, distinguido por sus guitarras tan icónicas, ha visto nacer y crecer a familias lauderas, las cuales mantienen el oficio vivo, transmitiéndolo de generación en generación.

Alejandro Granados, un hombre de 42 años, aprendió de su padre a crear vida con sus manos, haciendo desde cero las curvas que le dan forma a las guitarras.

Su padre le mostró todo lo que conlleva el oficio de laudero, así como lo alentó a empezar a concursar en los Festivales de la Guitarra de Paracho.

“Yo empecé desde cero, desde la categoría popular, así fui subiendo en los concursos, hasta que mis guitarras se convirtieron en algo internacional”.

Él, aunque nunca se imaginó en ser laudero, se siente contento dentro de su taller, creando obras de arte que llevan su sello, dejando a relucir su talento y poniendo toda su creatividad.

— ¿Sus guitarras han viajado internacionalmente?
— Sí, tengo una historia muy bonita… un año que vino a dar un concierto el artista español Pepe Romero, después de que se acabara la feria, quiso probar varias guitarras en la sala de conciertos; yo todavía estaba chiviado, no estaba bien formado, así que fui con mi guitarra, me senté hasta el último… las probó todas y, después, uno de sus ayudantes me dijo que le había gustado mi guitarra… me la compró.

A pesar de que, en esos tiempos, era principiante, se sintió muy agradecido porque su trabajo estaba por convertirse, por primera vez, en algo que viajaría por el mundo.

Para Alejandro, todas sus guitarras son únicas: “no tengo una favorita, cada una lleva un pedacito de mi alma y tiene su propio distintivo, todas me gustan, son mis hijas”.

Después de trabajar con su padre, decidió abrir su propio taller, el cual ya lleva 20 años, y en él tiene su propia vitrina con sus guitarras.

Alejandro se convirtió en un icóno para Paracho, pues la gente que conoce su trabajo, dice, siempre lo recomiendan a él.

“Es un gusto cuando regresan las guitarras, cuando me las dan para revisar detallitos, también cuando me cotizan guitarras, o cuando me recomiendan”.

Alejandro cuenta entre risas que, si por él fuera, se quedaría con todas las guitarras que ha hecho pues, dice, cada una es diferente entre sí y que nunca van a poder igualarse.

“Cada guitarra tiene su voz… mi voz y la voz de otro hombre son diferentes, tal vez nos podemos imitar, pero no igualar, así las guitarras”…