Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- La llama viva de la esperanza por una respuesta aún no ha muerto en el corazón de Patricia Jasso Ayala, una madre que perdió dos hijos de golpe, los motores de su vida.
Un 26 de enero del 2020, los hermanos José Salomón y Diego Israel Páramo Jasso salieron de fiesta con un «amigo», menciona su madre, pero jamás volvieron a casa…
Aunque el «amigo» en cuestión sí volvió y sigue su vida normal, por más que Patricia le pide respuestas sobre el paradero de sus hijos, él dice no saber nada.
— ¿Las autoridades no han ido a buscar a su supuesto amigo?
— Ya han ido, pero está mintiendo en cada declaración que hace… no pido que le hagan nada ni que lo encarcelen, solo quiero que me diga si a mis hijos les hicieron algo, para poder tener tranquilidad, paz… porque la verdad, es una muerte en vida.
Por más idas y venidas a la fiscalía, sus manos aún carecen de justicia, pues a pesar de ella misma investigar sobre el caso de sus hijos, no tiene respuesta por parte de las autoridades.
«Yo he ido a buscar, a investigar, y aún así no me dicen nada sobre el paradero de mis hijos… nomás dicen «estamos en investigación». Con este muchacho, yo no busco culpables, solo quiero que lo hagan hablar y que si le hicieron algo a mis hijos, que me los entreguen así. Si ellos debían algo, pues ya lo pagaron…»
Su amor como madre no ha dejado que el dolor la doble y sigue, después de dos años, muy alerta y atenta por si tienen información de sus hijos.
Los ojos hinchados de Patricia, cansados de tanto llorar, intentaban no imitar a la fuente que estaba detrás de ella, así que apretaba sus manos para apaciguarse, diciéndose para sí que todo estaría bien.
«Quien se los lleva no saben que nosotros también sufrimos, yo creo que más por la ausencia, por no saber qué pasó con ellos, qué les hicieron… nos tienen muertas en vida», dijo con su voz entrecortada.
Sus pequeños, de 16 y 18 años, dice ella, eran muchachos trabajadores, estudiaban la preparatoria abierta, pero ayudaban a su madre con los gastos del hogar, haciendo de los tres un triángulo de apoyo.



— Si tuviera algo que decir a sus hijos, a la gente… ¿qué les diría?
— A mis hijos, que si me están viendo, que me manden un mensaje de que están bien… a los que saben algo de ellos, un mensaje anónimo, no pido más. Y, a la sociedad, que no sean tan antipáticos, a veces, cuando hacemos nuestras marchas, nos gritan cosas… ojalá nunca estén en nuestros zapatos.
Las lágrimas de Patricia no pudieron contenerse más y salieron casi a presión, a lo que nos unimos en un abrazo de apoyo, esperando que sus alegrías regresen con bien a casa y que sean ellos los que vuelvan a abrazar a mamá…





