Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Con un taller dentro de casa, Alfredo Martínez Mata, creció junto al barro y la creación de artesanías, dejándolo sin escapatoria de dedicarse a otras cosas.
«Solo cursé hasta 5to de primaria, este es el negocio de la familia».
Alfredo, desde muy pequeño, recolectaba el barro en minas y lo arneaba para crear la materia prima de las piezas que sus padres creaban, hasta que él mismo puso sus manos en él y siguió con el legado familiar.
Hoy por hoy, a sus 57 años, a pesar de tener tanto tiempo en la elaboración de artesanías como platos y cazuelas, hace a penas 3 años decidió meterse al mundo de las catrinas de barro.



— De todas las piezas que hace, ¿cuál es la que más le gusta?
— La catrina, sin duda, por todo el detalle que lleva, hasta es un desestrés para mí.
Aunque se había resignado a seguir con el trabajo que sus padres hacían, Alfredo encontró aquello que echó a volar su imaginación: las catrinas de barro, una pieza icónica en su localidad, Capula, tenencia de Morelia, Michoacán.
Durante todos estos años de labor, se ha dado cuenta de la injusticia que se vive respecto a los precios pues, cuenta que, normalmente, las personas suelen regatear sus trabajos.
«Yo creo que los que más regatean son los michoacanos, no digo que todos, pero siempre llegan a preguntar «¿cuánto es lo menos?» y, uno por necesidad, tiene que vender…»
Pero, aún así, Alfredo dice sentirse contento con sus creaciones, y más con las catrinas de barro: «en edad ya soy viejo, pero en el mundo de las catrinas a penas soy un bebé. Cada quién le pone sus detalles, entonces hace de cada catrina algo diferente».




