El chef Tony, «de pequeño me escabullía a la cocina de mi mamá»

(Foto: Cayetano Mac)

Morelia, Mich. Montserrat Herrera/Acueducto Online.- De pequeño se escabullía en la cocina para poder observar a su mamá preparar los deliciosos platillos para la familia, asombrado por los colores, texturas y sabores, Tony Castillo experimentaba con la comida, creando e innovando.

Su abuela era quien lo ayudaba a conocer más del mundo gastronómico, pues lo mantenía al lado suyo mientras ella cocinaba, de a poco, Tony aprendía más y más.

“Mi abuela fue una gran alcahueta, yo le ayudaba a cocinar y fue una gran oportunidad de aprender, yo decía que me explotaba porque siempre estaba ayudándola, pero se convirtió en un gusto muy grande, creaba mis propias recetas”.

Aunque su padre y sus hermanos varones veían más que él estuviera inmerso en la cocina, Tony nunca soltó el sueño de hacerse conocido por sus platillos.

“Vengo de una familia muy tradicional, tengo dos hermanos varones y ellos no estaban contentos de que yo me metiera a la cocina, mi papá era muy machista también… pero yo lo hacía a escondidas, en mi tiempo libre”.

Tony estudió la carrera de Administración de Empresas para no defraudar a su familia, pero la flama ardiente del amor hacia la cocina seguía viva, así que nunca soltó ese sueño.

Aún con el prejuicio encima, Tony entregó el título de Administrador de empresas a las manos de su madre y se mudó a Guanajuato con su prima para, ahora sí, estudiar la carrera de gastronomía.

— ¿Tenías otros planes? ¿O siempre quisiste ser chef?
— Yo antes decía que quería ser médico… y pues pasó que ahora soy chef — dijo entre risas. — Lo que más me gustaba de la medicina era ayudar a la gente.

Durante su preparación académica, uno de sus tutores observa el talento innato que tiene, y decide alentarlo a especializarse en el extranjero.

Una vez que comenzó a trabajar en restaurantes, se dio cuenta que la creatividad que habitaba en sus manos estaba siendo limitada por “tener que seguir órdenes”, así que decidió independizarse y abrir su propio restaurante en 2012, “Longitud 315”, en Chicago, ahora catalogado como uno de los 100 mejores restaurantes del mundo.

— ¿Alguna vez sufriste los prejuicios de estudiar gastronomía?
— Mira, hay un tema que me gustó mucho cuando lo escuché, me dijeron “tú puedes ser barrendero si tú quieres, pero cuando veas como un negocio y lo moldees para que el ser barrendero te genere un ingreso más grande vas a aprender muchas cosas. Cuando estudié gastronomía no sabía hasta dónde iba a llegar, nunca quise ser chef en un restaurante, así que creé sistemas, ahora mi restaurante es un sistema que me beneficia a mí y a 22 familias.

Años después, Tony regresó a su natal Ticumán, Hidalgo, México, en donde rescató la casa de su madre, quien falleció hace tiempo, pero siempre le señaló que la casa parecía un museo y restaurante.

Aunque “nadie es profeta en su tierra”, él hizo todo lo posible por convertir esa casa en un restaurante, dándole vida a “El Santuario del Chef”, en donde ahora trabaja.

A sus 50 años, y con su premio al mejor Chef internacional que se le ortogó en el 2020, Tony Castillo dice estar muy contento de todo lo que ha vivido y que no cambiaría nada de su camino.

— ¿Qué le dirías a ese pequeño que antes tenía que esconderse para cocinar y ahora es un chef reconocido?
— Que no deje que nadie apague ese sueño, que lo estamos logrando…