Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Desde que era muy pequeña, Maria Virginia López Rangel, Vicky, como la conocen sus clientes, ayudaba a su madre a vender mole en las festividades en la Tenencia de Santa María de Guido.
Su madre fue de las primeras en participar en la Feria del Mole, festejo nativo de Santa María y, al competir con chef reconocidos en Morelia, ella fue la ganadora del primer lugar.
«Fue un orgullo para todos nosotros, para la familia, al sazón de mi madre no le pudieron ganar ni los mejores chefs, de verdad que su sazón es inigualable».
A Vicky, su mamá, desde muy pequeña, la ponía a dorar el chile y las especias: chile pasilla, ancho, negro, mulato, ajonjolí y la nuez: «doren primero, después ya lo muelen», les decía su madre a ella y a sus hermanas.



Su madre vendía rumbo al río en las fiestas, pues era el lugar por donde transitaba la gente que iba a bañarse al río, cosa que era tradición, pero se perdió porque el río ya no existe.
Al lado de ella se encontraba una de sus hermanas quien, al preguntarle si desde muy pequeña le gustaba preparar el mole, la balconeó entre risas diciendo «ni tanto».
Todas las moleras de Santa María tienen un sazón que las caracteriza, un distintivo que sale a relucir una vez que pruebas sus manjares.
El sazón de la familia de Vicky se caracteriza por tener una receta muy específica que tiene que ser con medidas exactas, sino, se pierde ese sabor que las identifica.
«Creo que lo que también nos caracteriza es que, bueno, yo siempre he dicho que el mole lo tenemos que hacer con esencia, con amor, para que salga; si uno no lo hace con amor, no sale bueno».
A ella, como a su madre, les encanta el comercio y hacer mole para eventos grandes.
— ¿Qué es lo que más le gusta? ¿Vender o preparar el mole?
— Yo creo que todo. Desde que uno empieza a prepararlo te llegan las ganas de salir a vender, estar con la gente, atender… también eso cuenta mucho. No llegar de malas, al contrario, tratar a los clientes con mucho cariño.
Vicky, a sus 63 años, lleva ya 40 en la preparación y venta del mole y, en todo este tiempo, la gente a la que le ha chuleado su platillo estrella.
— ¿Cómo se sintieron cuando la pandemia paró la Feria del Mole?
— Nos sentíamos hasta enfermas… el salir a vender, para nosotros, es como una terapia. El salir a convivir y atender gente es lo más bonito, a mí me gusta atender y salir con mi sonrisa, a lo mejor eso es un toque para la clientela porque, por estar sonriente, se te arriman.
De los 4 hijos de Vicky, solo a una le nació el amor y gusto por vender y hacer mole, así que la instruye a este mundo que la hace tan feliz: «le digo como nos decía mi mamá: «vente, porque un día no voy a estar yo y tú ya vas a saber»».
La estafeta del sazón ahora pasa a manos de su hija y, cada una de ellas, le pone su toque personal; «cada quién tiene su toquecito mágico», dice Vicky.





