El día que llovío pan…

(Foto: Montserrat Herrera)

Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Las calles principales de Acámbaro, Guanajuato, comenzaron a llenarse de personas ansiosas por ver el pan llover, mientras bailaban al son de la música que, poco a poco, se hacía más fuerte.

Así comenzó la lluvia del pan, con 20 mil personas levantando sus manos para atrapar, aunque sea, una acambarita, el pan tradicional.

110 mil acambaritas volaron por la avenida y, la gente que era espectadora, peleó para poder quedarse con alguna.

Entre manotazos, gritos, bailes, y risas se vivió con ánimo la 12va Feria de la Panificación, en veneración a la Virgen del Refugio.

Se creerá o no, pero este evento tan icónico del estado de Guanajuato es toda una tradición de, hace ya, 50 años, que tiene como raíz un significado meramente religioso.

Cuentan los acambarenses que, desde hace 100 años, varios panaderos se reúnen para darle gracias a la Virgen del Refugio por los favores que les ha realizado y que la lluvia del pan llegó después.

Las panificadoras sacaron a relucir sus mejores carros en esta peregrinación y llevaron cajas de gran tamaño en donde miles de acambaritas naturales estaban listas para volar.

Algunos panaderos se emocionaron tanto en el evento que lanzaban los panes con tal fuerza que llegaban a aterrizar en la cara de la gente.

Ese es el caso del Fray Javier, padre de la parroquia de Acámbaro, quién, ahora, es todo un ícono cómico por la energía con la que lanzaba los panes.

Las acambaritas casi acabaron destrozadas por los espectadores cuál carne ante leones, pues las personas luchaban con uñas y dientes por obtener algún pan que pudieran cenar con chocolate o café.

Algunos carros alegóricos de los panaderos traían sus propias botargas de distintas formas, conchas, osos, mujeres voluptuosas, panaderos o feligreses.

Estas botargas, al compás de «Carnaval» de Celia Cruz, bailaban junto con los presentes, mostrando así la alegría que es, para Acámbaro, está festividad tan peculiar.

Baterías, cantantes, coristas, hasta saxofones se unieron para amenizar el festejo a la virgen, quién iba encabezando la peregrinación.

Por si fuera poco, algunos asistentes fueron regañados, pues volteaban sombrillas para que los panes cayeran en ellas, perseguían los coches o les picaban las costillas a los panaderos y a sus ayudantes para que les obsequiaran una acambarita.

Tampoco faltaron las peleas entre señoras mayores por los panes, pues sus ganas por obtener más acambaritas que el resto eran más grandes que su sentido de compañerismo.

La lluvia del pan fue toda una gran experiencia, pues se podía observar gente en el techo de sus hogares y panaderos encima de los coches sin miedo a caerse.

Después, una vez llegados al jardín principal de Acámbaro, se pudo observar la versatilidad que tiene la acambarita, no solo porque existen sabores como canela, fresa, chispas de chocolate, etcétera, sino porque, ahora, nacieron las acambaritas fritas rellenas de helado y las hamburguesas de acambarita.

Las grandes filas para comprar pan y la banda musical que hizo un círculo para tocar sus mejores canciones al público llenaron el pequeño jardín que parecía explotar por tanta gente que lo invadía.

Es así como terminó la Feria de la Panificación, con la música de banda que amenizaba el momento y la gente que iba de un stand de panadería a otro, buscando el pan que más se le antojaba.