Libertad de Pensamiento, más que un Derecho Universal, es un rasgo evolutivo | Penélope Ochoa Trujillo

(Foto: Cortesía)

La libertad de pensamiento parece ser un concepto que no termina de embonar del todo en nuestro sistema público, político y social. Pareciera incluso que como seres humanos hemos perdido la capacidad innata de creer o de formar pensamientos individuales.

Esto se debe directamente, a la influencia de las personas que están a nuestro alrededor, a un sistema de creencias culturales, religiosas, educativas. Todas ellas, que son socialmente construidas o al menos moldeadas para hacernos pertenecer a la normalidad que nos convierte en individuos adaptables al medio donde nos desenvolvemos día con día.

Tal como lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19, “La libertad de expresión es un derecho universal que todas las personas pueden ejercer. El derecho a la libertad de opinión y de expresión, incluye el de mantener una opinión sin interferencias y a buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de difusión sin limitación de fronteras”.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce en su artículo 6, la libertad de expresión y así sucesivamente podríamos enumerar un sinfín de artículos, políticas públicas y legislaciones que defienden, al menos en papel, el derecho de pensar y emitir una opinión de forma libre.

La pregunta es, si en la práctica, este mecanismo se lleva a cabo de manera responsable. Claro que como en todo, siempre hay más de una perspectiva desde la cual podemos analizar los temas de salud mental. En esta ocasión iniciaré desde lo básico, que es la expresión de ideas o generación de un análisis propio en contra de aquellos pensamientos colectivos.

¿Está mal pensar distinto a los demás?

La tendencia a tener la razón y competir es muy marcada cuando expresamos alguna opinión. Por naturaleza, los seres humanos nacimos con un instinto evolutivo y de supervivencia, el cual nos hace desarrollar mecanismos de poder y competencia frente a los demás, incluso los animales tienden siempre a marcar su territorio y a demostrar quien es el más fuerte o el más hábil.

La diferencia entre los animales y nosotros es básicamente que los seres humanos desarrollamos el pensamiento, la razón, la inteligencia y en consecuencia la habilidad de percibir el mundo desde la perspectiva y el contexto donde nos encontramos parados, nuestra propia historia e influencias personales.

Esta individualidad de pensamiento es importante porque genera diversidad, lo cual abre una red de oportunidades de adaptación para las personas. Podemos analizar como hemos evolucionado en distintos temas que hace unas décadas no podíamos concebir como: cuestiones de sexualidad, creencias políticas, reestructuración familiar, orientaciones sexuales, profesiones, religiones; en fin, una gama amplia de opciones de pensamiento que se convierten después en líneas conductuales.

Lo primero que quiero destacar es que la habilidad de análisis de cada persona nos da una orientación distinta y una perspectiva diferente a la de los demás individuos, por lo cual, lo más importante que debemos tener presente al momento de defender una postura, es la apertura, el criterio amplio, evitar los juicios, pero lo más importante es el respeto a la diversidad de pensamiento, porque si nos decimos seres pensantes o inteligentes, el tratar constantemente de convencer o discutir con el otro por que no piensa igual que yo, en mi opinión, sería una demostración de la poca habilidad de adquirir nuevo conocimiento, un instinto básico como el de los animales de imponer y demostrar poder. Un retroceso evolutivo por decirlo de alguna manera.

Este conjunto de pensamientos individuales, nos conducen al pensamiento colectivo, estas creencias que se van unificando con el objetivo de marcar el funcionamiento social. Creencias que van generando grupos de pensamiento afines que si hablamos de conductas sociales tienen necesidades específicas que marcan las estructuras de convivencia en la vida pública, lo cual obliga a los sistemas de organización como los gobiernos, a generar condiciones aptas para que cada uno de estos pensamientos sean respetados y considerados en la generación de políticas públicas.

Claro que para los líderes, el derecho a la libertad de pensamiento y expresión, es tema que abanderan casi todas las administraciones vigentes, sin embargo; existe ese porcentaje importante de personajes que se han vuelto incómodos para aquellos que tratan de instaurar un sistema de pensamiento generalizado, aquellos que expresan lo prohibido, quienes evidencían lo indefendible, los que derrumban la novela perfecta, esos que mueven la estructura de pensamiento colectivo y consiguen influir en los demás. Las voces que han sido obligadas a callar como los periodistas, luchadores sociales, ambientalistas, feministas, defensores de derechos humanos, etc.

Entonces, si la libertad de pensamiento es un derecho universal, además de constitucional en México ¿Porqué tenemos miedo de defender nuestro sistema de creencias individual, porqué nos conformamos con las limitadas líneas de acción que nos imponen los sistemas políticos y capitales?

Quiero concluir, resaltando la importancia que tiene la libertad de pensamiento, razonamiento y la expresión de estas ideas para la salud mental, si regresamos a lo básico, desde la libertad de pensamiento y expresión sin represión según las teorías Freudianas del psicoanálisis, se encuentra la cura del hombre.