Morelia, Mich. | Montserrat Herrera / Acueducto Online.- Había Una Vez, una cafetería creada desde el amor a la literatura, tiene menos de un año de apertura y en ella habitan diferentes libros esperando a ser leídos por los visitantes.
En entrevista con Carolina Álvarez, una de las colaboradoras en la creación de este proyecto, nos habla un poco de cómo se siente con el paso del tiempo y el crecimiento de la cafetería.

— ¿Qué ha significado para ti la cafetería?
— Mucho trabajo en muchos aspectos, uno muy importante es el espacio como tal, creo que abrir un espacio en el centro de este tipo es muy bello para los tres, que este lugar pueda ser como un acercamiento a la literatura; pero eso también nos ha llevado a un trabajo de organización, de administración, pero también de contacto con el café, los alimentos, las personas. Ha sido más que nada trabajo, pero de una manera muy positiva
Había una vez se encuentra en la calle Bartolomé de las Casas, en el corazón del centro histórico de la capital michoacana; es un restaurante pequeño de dos pisos en donde existen juegos de mesa con los que puedes pasar grandes momentos, café en mano.
— ¿Cómo decidieron que esta fuera la temática
— La idea nació por parte de Luis, mi hermano, y Eunice, que ellos soñaban con un lugar donde te sirvieran bebidas temáticas de literatura, donde te acercaran un libro antes de una deliciosa comida y un exquisito café, que te leyeran algo.
Carolina se unió al equipo más tarde para apoyar a su hermano, pero, al ver que dos personas no podían llevar una cafetería completa, decidió quedarse.

Un ingeniero químico, una maestra y una psicóloga, unidos por el gusto a la literatura, tejieron de a poco este concepto que se volvió realidad.
“También amo mucho la literatura, soy psicóloga, entonces también crear ese tipo de espacio en donde se venga a pausar un rato tiene mucho impacto para mí, creo que la dinámica de los tres y la forma de ser de los tres ha hecho que se vaya como uniendo y, haciéndose de alguna forma, lo que es ahorita la cafetería”, dijo.
— ¿Qué es lo que más te gusta de la cafetería?
— Justamente eso, que es un espacio en donde puedes llegar y detenerte. Allá afuera puede seguir corriendo todo, pero aquí adentro está muy tranquilo. Es algo que nos comentan mucho los clientes, que llegas y se te olvida todo.
Había Una Vez está llena de libros que forman parte de las bibliotecas personales de Eunice Barrios, Luis Álvarez y Carolina Álvarez, y también de libros donados por amigos o los mismos clientes.
— Aparte de ustedes 3, ¿hay alguien más?
— Por ahora, como tal, somos nosotros 3, pero también Barista Chula, la que nos entrega el café, es como parte incondicional. Ella también nos ha aportado mucho, no solo en la parte del café, sino también en la administración y en la forma de llevar el café, porque sí siento que es una parte que no se ve, se tiene muy romantizada la idea de la cafetería, pero no se ve el trabajo detrás, y siento que ella ha sido un pilar súper fuerte para poner sacar adelante el proyecto.

La cafetería está conformada por muchos sueños, diversos proyectos, incluso de cafeterías y tiendas que ayudaron a la restauración de este lugar y al nacimiento de Había Una Vez.
— ¿Han recibido ayuda de otras personas?
— Sí, completamente, el proyecto no hubiera podido empezar sin ayuda de mi familia, de mis papás, nos ayudaron a remodelar el lugar, amigos que nos ayudaron a pintar, el Vang Gogh que está pintado aquí en la sala de al lado es de Abdías Martínez, que es un escritor. Sin duda no hubiéramos podido abrir sin la ayuda de la cafetería Techani: Karen, Isma y Dani nos prestaron las máquinas, nos capacitaron en café, nos hicieron las recetas de comida, nos hicieron recomendaciones justo en esta parte de cocina y barra; la papelería es de una chica de Zacatecas, mi familia es de allá y quiso traer esas cositas aquí. También tenemos otros proyectos, por ejemplo, Alpet tiene sus ilustraciones y stickers, y hay una chica que tiene libretas artesanales, están a la venta. En realidad, la cafetería se ha armado con muchos pedacitos de muchas personas.
Aunque Había Una Vez fue un proyecto difícil al principio, ya que eran novatos en todos los aspectos que conlleva tener una cafetería, pero, a lo largo del tiempo y con el cariño de los clientes, se volvió una gran experiencia.
— ¿Cómo te sientes al ver cómo ha ido creciendo la cafetería?
— Han sido muchos sentimientos encontrados porque ha sido muy difícil, muy complicado, las dinámicas en cocina, barra administración, ha sido muy pesado; pero, cuando llegan clientes y les gusta el lugar y lo expresan, nos han dejado como notitas en la cuenta, stickers, o cositas así, es cuando digo que vale la pena. Es muy bello, porque es muy contradictorio, pero me alegra mucho que exista este lugar.
Visitar esta cafetería es una vivencia diferente, además de que su menú es peculiar, el lugar te envuelve en un ambiente totalmente fuera de lo habitual.





