Han pasado poco más de tres años del gobierno que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, en ese periodo de tiempo no pocos se han quedado en el camino, se cuentan por decenas los cambios y enroques en el gabinete legal y ampliado.
Entre las distintas razones, llama la atención aquellos que renunciaron a sus cargos por diferencias con las pautas o designios presidenciales, por tratarse de asuntos jurídicos, éticos o simplemente operativamente insostenibles en su fuero interno, valores o convicciones; resultado en acciones casi heroicas o kamikaze.
La expansión del partido en el gobierno, bajo el estilo personalísimo de ejercer el poder del presidente, al que no hace falta agregar adjetivos, pero que conocemos bien, al señalar y enjuiciar a todo aquel que no converge o le critica; nos dan razones de sobra para pensar que estos ejercicios de desobediencia civil o de objeción de conciencia los podría llevar como destino directo a su suicidio político, al menos por el tiempo en el que se mantenga el morenismo en el poder, cuya onda expansiva no parece vislumbrar un fin próximo.
Entre los nombres de quienes dimitieron a sus cargos en este contexto, se encuentran Carlos Urzua, ex secretario de Hacienda, Víctor Manuel Toledo, ex Secretario de Medio Ambiente, Tonatiuh Guillén ex titular del Instituto Nacional de Migración, Jaime Cárdenas ex director del Instituto Nacional para Devolver al Pueblo lo Robado, o el ex panista Germán Martínez también ex titular del IMSS.
Cierto es que, no son nuevas este tipo de dimisiones políticas, que más que constituir renuncias ideológicas con el movimiento que encabeza el presidente o de rechazo a los principios de la Cuarta Transformación, se leen como actos de introspección que confrontan al individuo en sus creencias, valores, capacidades, compromiso social, político, y desde luego en su capacidad de discernir, de ejercer su libertad de pensamiento ante las formas de ejercer el poder.
Así lo refirió Jaime Cárdenas en entrevista con el periodista Ricardo Rocha, el 30 de septiembre de 2020 “esperaban de mí una lealtad que, por supuesto realicé, fui leal con ellos; pero mi lealtad no era ciega, sino una lealtad reflexiva”.
En un contexto similar tuvo lugar la salida de Tonatiuh Guillén al Instituto de Migración, que consecuente a su trabajo académico y compromiso por los derechos de las personas migrantes, presentó su renuncia al cargo tras el endurecimiento de las medidas migratorias, a causa de las presiones arancelarias de Donald Trump.
Muy probablemente esta capacidad de ejercer la libertad de pensamiento está ligada a una trayectoria más allá del servicio público y por encima de la Cuarta Transformación, pues es más fácil ejercer estos actos de dignidad, cuando el sustento y la sobrevivencia política no dependen del poder mismo.
La otra opción siempre será callar como estrategia o por la comodidad y complacencia siempre inherente al poder, esa que está presente en la servidumbre voluntaria de la Boétie. Sobre esté texto escribí hace unos meses https://www.quadratin.com.mx/opinion/servilismo-o-polarizacion-elizabeth-juarez-cordero/
El cuestionamiento y la reflexión sobre la actitud frente al poder, en un contexto de una clara hegemonía política como la que vivimos es de la mayor relevancia no solo para quienes viven de la política sino también para quienes viven para la política, desde la ciencia política o sus disciplinas hermanas, pues en estas deliberaciones confirmamos o recuperamos el sentido, el para qué del quehacer público, de nuestras convicciones políticas, tanto como del objeto de estudio.
¿Cómo se puede hacer política? Ahí donde queda anulada ya no digamos la capacidad de disputar el poder sino de confrontarle en las ideas, en el pensar diferente, o de confrontarle desde el periodismo crítico.
¿Cómo se puede hacer ciencia? Desde unos únicos lentes, que anulan a los otros.





