Qué tienen en común las ejecuciones suscitadas en la capital michoacana y en la comunidad de Tarecuato, municipio de Tangamandapio, en los casos conocidos como Cantina 25 y Tarecuato, bueno, que ambas fueron realizadas por sicarios del crimen organizado.
Sin embargo, aparte de agregar que las dos lamentables situaciones tienen en común el gran impacto mediático que han logrado despertar, hasta el momento, los motivos ya no son coincidentes, el primero se habla de una venganza más dirigida y en el segundo de una confusión.
Y sin perder de vista que en el caso de la Cantina 25 las investigaciones ya están muy avanzadas con la descripción de varios de los autores materiales, si bien las fiscalías, federal y la michoacana, tienen sus áreas bien definidas, extraña que no se anuncie una coordinación oficial.
A todo ello hay que anotar las lamentables declaraciones de las autoridades, en el primer caso al establecer que hay no habría porqué preocuparse por cuidar a los jóvenes alcoholizados y en el segundo que las víctimas no debieron entrar a un territorio es disputa criminal.
Los dos casos que no solo falta que se esclarezcan, sino que se capture a los autores materiales e intelectuales de las muertes de los jóvenes, conmocionaron en especial a la sociedad michoacana, más el de la Cantina 25 por situarse en la capital michoacana, en un conocido antro.
Pero, pero, a diferencia del citado, el caso que se está volviendo una bola de nieve es el de Tarecuato, porque se ubicó en una comunidad indígena purépecha y tras la sorpresa, organizaciones y autoridades reaccionan y claman justicia, una reacción que irá subiendo de tono.





