De la rechifla a los aplausos

Zacán, Los Reyes/Redacción

Llegó retrasado e interrumpiendo la música. La espera había sido prolongada. El lugar estaba casi lleno, cerca de mil asistentes, de todos los rincones purépechas y más allá de sus fronteras.

Silvano, entró a la sede en la que confluía la cultura en todo el esplendor de la más habitada etnia en territorio michoacano, su paso era lerdo ante decenas de hombres y mujeres que querían saludarlo, verlo de cerca y no tan cerca.

Conformada por pequeños y pequeñas indígenas, se oía el fluir de la orquesta que apenas tenía escasos doscientos segundos de iniciar un mosaico musical, por eso, cuando fue anunciado por el altavoz, hubo una nada discreta rechifla.

Y, es que, aparte de su retraso, su presencia provocó el abrupto terminar de una sutil melodía. Él, entendió, por eso, a diferencia de otras ocasiones, de otros tiempos, fue breve en su mensaje, sus palabras no fueron prolongadas y menos martilladas.

En respuesta, los interlocutores dedicaron igual un breve pero efusivo aplauso, al gobernador que sin querer atajó por segundos el concierto de colores, de sonidos y de movimientos que desde los cuatros puntos cardinales enorgullecen a los purépechas.