Alfredo Ramírez, el Pípila | Samuel Ponce

Imagen Felipe Ochoa

Más allá de la definición de los resultados de la elección a gobernador de Michoacán, la cual se ventila ya en los órganos electorales jurisdiccionales, el mandatario electo, el morenista Alfredo Ramírez Bedolla alista a su equipo de transición y en el seguramente algunos que formarán parte de Gabinete, claro, en caso de rectiticarse su triunfo.

Por supuesto que lo anterior será una determinación exclusiva del diputado local con licencia; sin embargo, desde cualquier ángulo, iniciando por los integrantes de dicho equipo de transición, el electo tendrá que cuidar las generalidades y particularidades en los nombramientos, sobre todo en los perfiles y en ellos en el pasado de cada uno.

Si bien es cierto que él no arrribó solo ni con su reducido grupo de sus más cercanos al hasta hoy cargo de gobernador electo y que, en consecuencia, si lo es que entretejió una serie de compromisos con líderes y figuras mayoritariamente morenistas y micro minoritariamente petistas para incluirlos en su esperada administración estatal.

Ante ello, sin duda, Alfredo Ramírez, quien posee un micro número de colaboradores, al menos, como mínimo, en un acto de decoro, de congruencia, no deberá permitir imposiciones sin perfiles adecuados a cada área y con un pasado tormentoso, política, ética y moralmente hablando, sobre todo en las posiciones más estratégicas.

No, no tiene porque cargar un losa pesada, no solo impuesta por los demás, sino por él mismo, más allá de que sean propuestas tajantes de sus hoy ex aliados electorales, más allá de que hayan sido sus superiores en un tiempo no tan lejano, más allá de que sean sus más cercanos, sus más leales, más allá de sus simpatías, mucho más allá.